La avaricia es mar sin fondo y sin orillas.
Cada cual siente sus duelos y pocos los ajenos.
Cuesta más vengar agravios que soportarlos.
De celosa a puta, dos pulgadas justas.
Con amigos de esa clase, ¿para qué quiero enemigos?.
La maldad con la belleza es el anzuelo y el cebo del diablo.
A honra demasiada, interés hay encubierto.
Del mirar nace el desear.
Madrastras, reniego de ellas y de su casta.
El que a otro quiere engañar, el engaño en él se puede tornar.
Mal te quiere quien siempre te alaba y nunca te reprende.
Daño es ser engañado una vez, dos, necedad es.
Engañosa es la gracia, y vana la hermosura.
La abundancia da arrogancia.
Intelecto apretado discurre que rabia.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
La avaricia rompe el saco.
Con gente de mala casta ni amistad ni confianza.
Las virtudes de la fea, la bonita las desea.
Ni bonita que admire, ni fea que espante.
Quien amigo es del vino, enemigo es de sí mismo.
Oveja duenda, mama a su madre y a la ajena.
El avaro se roba a sí mismo. El pródigo, a sus herederos.
Pueblos vecinos, mal avenidos.
Injuriada la paciencia, a veces en ira quiebra.
Dinero que prestaste, enemigo que te echaste.
El que se queja, sus males aleja.
Alabanzas y regalos, malos tratos.
Al que es pobre todos sus parientes le despreciarán; si es rico, todos son sus parientes.
Hombre que el bien no agradece solo el desprecio merece.
Burlas que son veras, otro las quiera.
En los ojos del patrón, verás siempre la ambición.
De desagradecidos está el infierno henchido.
El mayor desprecio es no hacer aprecio.
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
Adivina quien te ha dado; tu enemigo se ha acercado.
La magnificencia prestada, es miseria.
En gran aprieto, espera más del vecino que del nieto.
La ingratitud seca la fuente de la piedad.
Gana al que te quiere mal, y tendrás un amigo más.
Cada cual ama a su igual y siente su bien y su mal.
Lo que en la bonita es gracia, en la fea es desgracia.
El jorobado no ve su joroba, sino la ajena.
Hacerse de la vista gorda.
Dos cojos nunca se miran con buenos ojos; y dos bizcos, con más motivo.
Quiere como si hubieras de aborrecer y aborrece como si hubieras de querer.
Muchos amigos pequeños, hacen a un enemigo grande.
El que no agradece, al diablo se parece.
Es un loco quien su mal achaca a otro.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.