El que vende siempre se arrepiente el que compra nunca.
El que tenga perro que lo ate, y si no que lo mate.
Al trabajo, yerno, que viene el invierno.
Lo hermoso, a todos da gozo.
La avaricia, lo mismo que la prodigalidad, reducen a un hombre al último mendrugo.
Leal El amigo, al bien y al mal se para.
En lugar ventoso, tiempo sin reposo.
A mi, mis timbres.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Donde nada nos deben, buenos son cinco dineros.
De los nublados sale el sol y de las tormentas, la bonanza.
Boca con duelo, no dice bueno.
Una de cal y otra de arena, y la obra saldrá buena.
Fraile cucarro, deja la misa y vase al jarro.
De el comer y el rascar, el trabajo es comenzar.
Quien briega y se esmera, al fin se supera.
Ladran, pues cabalgo.
Guardado el dinero, no pone huevos.
Nadie es culpable, hasta que no se demuestre lo contrario.
Fraile franciscano, el papo abierto y el saco cerrado.
Todo se pega, menos la hermosura.
Hablara yo para mañana.
Ese es el mismo perro con otro collar.
Variante: De casta le viene al galgo el ser rabilargo.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
Copas son triunfos.
Manos que trabajan, no son manos, sino alhajas.
Es como el cilindro, que cualquiera lo toca pero no cualquiera lo carga.
Palabras y plumas el viento las tumba.
Esta es la gota que derramo el vaso.
Predicar en desierto, sermón perdido.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Este batea y corre para tercera.
Busca y hallarás; guarda y tendrás.
De arriero a arriero no pasa dinero.
No le pido a Dios que me dé, sino que me ponga donde hay.
La caca, callarla, limpiarla o taparla.
A quien anda sin dinero, lo ponen de candelero.
Ni ojo en carta, ni mano en plata.
De pollos de labrador, líbranos, Señor.
Para atrás ni para coger impulso.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
Antes se coge al mentiroso, que al cojo.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
Todo lo quiero: consejo y conejo.
Variante: En Febrero, pon obrero, mejor a finales que a primeros.
Siete le daban al tocho, y el quería ocho.
A quien vela, todo se le revela.
Amigo que no da, y navaja que no corta, si se pierden poco importa.