Comenzar es la mitad de cualquier acción.
Si mucho las pintas y regalas, de buenas hijas, harás malas.
Vive de forma que no hagas daño a nadie, he aquí la aspiración suprema
Al catarro, con el jarro.
La amabilidad es arma más noble para conquistar.
Hambre que espera hartura, no es hambre.
Cada raposa mira por su cola.
Casa de esquina, para mi vecina.
A consejo malo, campana de palo.
Soñaba el ciego que veía y soñaba lo que quería.
La que adoba no es María, sino la especiería.
Se coge antes a un cojo, que a un mentiroso.
Tirar la piedra y esconder la mano.
Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más.
Donde hay gana, hay maña.
Se tragó el mate con bombilla y todo.
El que vende un caballo es porque patea.
Corazón alegre hace fuego de la nieve.
Madre quiero ser, e hijos tener.
Más vale enemigo cuerdo que amigo loco.
En una fina no deben faltar un viejo y un burro, pero que el viejo no sea tan burro, ni el burro tan viejo.
Dar consejo y el vencejo, ese sí que es buen consejo.
Donde ajos ha, vino habrá.
Amor de puta y fuego de aulagas si presto se enciende, presto se apaga.
Los caracoles vacíos son lo que hacen más ruido. Así los hombres vanos y bullidores.
Valgan las llenas, por las vacías.
Carne de junto al hueso, dame de eso.
La gotera dando y dando, la piedra va perforando.
Lo que más se quiere, presto se pierde.
Arreboles al oriente, agua amaneciente.
De Dios viene el bien, y de las abejas la miel.
De mala sangre, malas morcillas.
No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
La lengua unta y el diente pincha
Mujer casada, casa quiere.
Sacar los trapos al sol.
Cuida bien lo que haces, no te fíes de rapaces.
No tengas como vano el consejo del anciano.
El interés tiene pies y yo también.
Un tiznón solo no arde sin otro.
El que trae , lleva.
Rana que canta, señal de agua, la de su charca.
El niño engorda para vivir, y el viejo para morir.
Sábele bien y hácele mal a mi borriquito hoja de nogal.
Los tejados viejos necesitan muchas reparaciones
El que asno nace, asno se queda.
Antes falta la palabra en la plaza, que el estiércol en la haza.
Roban un cordero o dos, y dan los pies por amor a Dios.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
Volverse la albarda a la barriga.