Quien amaga y no da, miedo ha.
El muchacho que es llorón y tú que me lo pellizcas.
Zapato os daré que tengáis que romper.
Trabajando por cuenta ajena, poco se gana y mucho se pena.
La cruz de más excelencia es la cruz de la paciencia.
Para ganar, forzoso es trabajar.
Boca con rodilla, y al rincón con almohadilla.
Ortiga me quemó y mastranzo me sanó.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Carga que con gusto se lleva, no pesa.
Cada día, trae y lleva penas y alegrías.
A mal de muchos, remedio de pocos.
La lengua rompe huesos aunque ella no los tenga.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
La soga se rompe por lo más fino.
Prefiere la deshonra de la caída, a la deshonra de las muletas.
No hay peor saber que no querer.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
Quien no puede tener la pulpa, se contenta con el hueso.
Amor es demencia, y su médico, la ausencia.
Alegrías y pesares, te vendrán sin que los buscares.
Es mejor que una piedra en el ojo y una mordida de puerco en la cara.
Pesar ajeno, no quita el sueño.
Al que le pique, que se rasque.
El que va a hacer mal, ya va herido, dice el refrán.
El que ama a una casada, puede morir de cornada.
Cuando los elefantes luchan, quien sufre es la hierba.
Dame gordura, darte he hermosura.
Las penas no matan, pero rematan.
Al fuego y al fraile no hurgarles.
Hace la misma falta aquí que los perros en misa.
Cada cosa tiene su precio.
Afición que más daña que aprovecha, enseguida se desecha.
La paciencia es el puerto de las miserias.
Dos perros difícilmente se ponen de acuerdo sobre el mismo hueso
Buenas serian las cuchilladas si no fuese por las puntadas.
Quién más te quiere, te hará llorar.
Lo que no cuesta no vale.
Ninguno por ser querido se esfuerce, que a veces lo torcido se destuerce.
Los valientes sufren poco, los cobardes mucho.
Plata de cura, ni luce ni dura.
Estoy como la tamalera, que me va más, que me va mal; pero como del tamal.
La ventura es paño que poco dura.
Amor es el verdadero precio del amor.
Resultó peor el remedio que la enfermedad.
Querer sanar es media salud.
Cuando moco, moco, cuando cana, cana.
A fuerza de palos, como borrico de yesero.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
Calor de paño, jamás hizo daño.