En queriéndome Dios aunque no me quieran los santos.
Dios da las nueces, pero no las parte.
Dineros me dé Dios; que con mi poco saber me aviaré yo.
Que convenga, que no convenga, Dios quiere que todos tengan.
Alaba solo a Dios, critícate sólo a ti mismo.
Dios no espera año para castigar.
Ama y serás amado: teme a Dios y serás honrado.
La ley de Dios no come trampa.
Al que madruga Dios le ayuda, si madruga con buen fin.
Confianza, en Dios y en que sea gruesa la tabla.
Enemigos me de Dios, y amigos no.
Mata, que Dios perdona.
Fortuna te de Dios, que el saber poco te basta.
Dios nos libre de la cólera de un hombre manso.
No hay más amigo que Dios y el duro en la faltriquera.
Líbreme Dios de hora menguada y de gente que no tiene nada qué perder.
Quien tiene tres y gasta dos, sirve a Dios, quien tiene dos y gasta tres, sirve a Lucifer.
A los pendejos ni Dios los quiere.
Jamás cerró una puerta Dios, sin que abriese dos.
Dame Dios marido rico, aunque sea un borrico.
Dios castiga, pero no ha palo.
Dios manda la carne y el diablo a los cocineros.
Da Dios almendras al que no tiene muelas.
Ratones nos dé Dios, y gatos nos los daremos.
Cuando Dios se hizo hombre, ya el diablo se había hecho mujer.
El hombre propone y Dios dispone.
Guárdete Dios del diablo, de hijo y ojo de puta, y de tumbo de dado.
A ira de Dios, no hay casa fuerte.
Fiar de Dios el alma, más no la capa.
Dios retarda la justicia, pero no la olvida.
Codicia mala a Dios no engaña.
Quien en Dios confía, será feliz algún día.
Cada uno estornuda como Dios le ayuda.
A toda ley, ama a Dios y sirve a tu rey.
Dios nos ha creado hermanos pero nos ha dado monederos separados.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
¡Qué grande será la madre, que hasta Dios quiso tener una!.
De mí y de todos te burlarás, pero de Dios no escaparás.
Qué bueno era Dios para labrador.
Cuando Dios da la harina, el diablo se lleva la quilma.
Al hombre inocente, Dios le endereza la simiente.
Dios pone el remedio junto a la enfermedad.
Guardado está lo que guarda Dios; pero lo demás, no.
El que tiene a un juez como acusador, necesita a Dios como abogado.
De ésta me saque Dios, que en otra no me meteré yo.
Tras un tiempo, otro vendrá, y Dios dirá.
El hombre propone y Dios dispone; viene la mujer y todo lo descompone.
Cuando el diablo habla, licencia tiene de Dios.
Dios nos da nueces, pero no las casca.
Al demonio y a la mujer nunca les falta quehacer.