Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.
Al mal trabajador no le viene bien ningún azadón.
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
Molino cerrado, contento el asno.
Ojo al parche.
El Diablo no se harta de romper suelas.
Papel, testigo fiel.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
En el menguante de enero, corta tu madero.
Cuando te sientes a comer, los codos en la mesa no has de poner.
Para lo malo, de peña; para lo bueno, de cera.
Ráscate la pierna, que te duele la cabeza.
A veces, hasta un cerdo ciego encuentra una bellota.
El Juez, derecho como la viga del techo.
La verdad es a veces amarga de tragar. Pero, como toda buena medicina, hay que tomarla.
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
A caballo regalado, no se le ve colmillo.
Febrerillo, mes loquillo.
Juego de manos, rompedero de ano.
El trabajo y el comer, su medida han de tener.
Al hombre por el verbo y al toro por el cuerno.
Lo que el mismo hombre hiciera, una lengua lo puede destruir.
Asno con hambre, cardos come.
Al buen, regalo; al malo, palo.
Si la lengua erró, el corazón no.
Más imprevisto e incierto, que pedrada en ojo tuerto.
Días que pasan de enero, ajos que pierde el ajero.
Una cosa es una cosa, y seis media docena.
Creer a pie juntillas.
Oveja duenda, mama a su madre y a la ajena.
Al que bebe vino le huele el hocico.
El clavo que sobresale siempre recibe un martillazo.
Traes un pedazo de alambre y te llevas una barra.
A un clavo ardiendo se agarra el que se está hundiendo.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
Ahorra, ahorrador, que y vendrá el derrochador.
Es más puntual que un ingles.
No ofende quien quiere sino quien puede.
Hijito de tigre, rayado tenia que ser.
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
Ni un dedo hace mano, ni una golondrina verano.
Hacerte amigo del juez
Si te pica el escorpión, busca pala y azadón.
Un antiguo amor nos atormenta como la caries de un diente
Comer arena antes que hacer vileza.
El ojo quiere su parte
Este es carne de cañón.
En noche oscura y sin vela "churrias y dolor de muelas".
Un vasillo de vino, al segundo le abre camino.