Al ausente, por muerto le da la gente.
De hijos y de bienes, la casa llenes.
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.
Cuando no sepas que hacer, un refrán te lo puede resolver.
La pera y la doncella, la que calla es buena.
A dineros dados, brazos quebrados.
Como haces tu cama, así la encuentras.
Abstente de mudar los límites de los campos, para que un terror no te arrebate. Se satisface al Dios con la voluntad del señor (responsable) que establece los límites de la tierra arable.
El que come tierra, carga su terrón.
Bolsa de pedigüeño siempre vacía.
Donde entra tajada no entra rebanada.
A donde no está el dueño, no está su duelo.
Acabándose Cristo, pasión fuera.
Las vírgenes pasan muchas Navidades, pero ninguna noche buena.
Comer sin vino es miseria o desatino.
Dar a manos llenas significa repartir en pequeñas partes lo que fue robado a lo grande
Al viejo no le falta que contar, ni al sol ni al hogar.
Hablando, hablando, la ocasión se va pasando.
Zapatero haz tus zapatos, y déjate de otros tratos.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
En casa de Margarita, ella pone y ella quita.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
Obrita que en sábado viene, puntadita de a palmo y salto de liebre.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
De Navidad a San Juan, seis meses van.
Escucha en el silencio y serás sabio.
Quien comparte su comida, no pasa solo la vida.
El buey busca la sombra; porque la sombra no lo busca a él.
El que come poco y bien, vive mucho y mejor.
Comer a dos carrillos, como monja boba.
Cuando hay orden, hay muy poco que hacer.
La dama que es distinguida, por sí sólita se cuida.
El que bien lo sabe, pronto lo reza.
Mal se conforma con el viejo la moza.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
En la paz se cuelga a los ladrones; en la guerra se les honra.
Por San Matías igualan las noches con los días y pega el sol en la umbrías.
A todo se acostumbra uno en esta vida, menos a no comer.
Ropa dominguera, del portal pa fuera.
A dos palabras tres porradas.
Fue por lana el avispado, pero volvió trasquilado.
De lo hermoso, hermoso es el otoño.
En casa como porquero, y en la calle, caballero.
Amigo por amigo, el buen pan y el buen vino.
Al pescado dormilón, se lo traga el tiburón.
Dar a guardar las ovejas al lobo.
Ni el tiempo ni la marea esperan por nadie.
Aunque ande sin cincha, también relincha.
Atrás viene quien las endereza.
Es buenísismo el amigo y bueno el pariente, pero se pierden cuando ya no queda nada