El ruin buey, holgando se descuerna.
Aunque ande sin cincha, también relincha.
La ira de los que aman, en hacerse caricias para.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
Con la alforja vacía, mal se inicia el día.
Un hombre demasiado ocupado para cuidar de su salud es como un mecánico demasiado ocupado como para cuidar sus herramientas.
Calma piojo que el peine llega.
Atrás viene quien las endereza.
La peseta, la vela y el entierro por donde quiera.
Haz lo que debes y dejar venir el resultado.
Despacito por las piedras
Dices tu pena a quien no le apena, te quejas a madre ajena.
Hablar a calzón "quitao".
Lo que se hace un día, es semilla de felicidad para el día siguiente.
Salir del fuego para caer a las brasas.
Sabiduría probada, no dársele a uno para nada.
La cortesía exige reciprocidad.
Dar un cuarto al pregonero.
Para poner el rejo flojo, hay que meterlo en remojo.
Resbalada no es caída, pero es cosa parecida.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
En casa de viejo: no faltará un buen consejo.
El que no anda, no tropieza.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
Cuando vivas entre zorros, zorrea tu un poco.
Los grandes talentos son calmados en la prosperidad y callados en la adversidad.
Hacer la plancha.
Al espantado, la sombra le basta.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo
Sabio es quien poco habla y mucho calla.
La barca pasa, pero el río queda.
Va para atrás como el cangrejo.
Siempre que ha llovido ha escampado.
Con razón decía Serafín, que el trabajo no tiene fin.
La cabra va por la viña, como hace la madre hace la hija.
Dale lo suyo al tiempo, pero sin perder el tiempo.
Acuérdate al atar de que has de desatar.
Los nabos en adviento, y las cerezas en habiendo.
La suavidad domina más que la ira.
El que afloja tiene de indio.
Fruta de locos, míranla muchos y gózanla pocos.
Paso a paso, se va lejos.
Ruidosa corriente, no ahoga la gente.
Estudia en tu juventud, disfruta en tu madurez.
A los viejos les espera la muerte a la puerta de su casa; a los jóvenes les espera al acecho.
Cada cual es rey en su casa.
Acuéstate como la gallina y levántate como el marrano y vivirás siempre sano.
Vuelta al cuidado, que canta el gallo.
Atente al santo y no le reces.
Por lo que uno tira, otro suspira.