La lengua de las mujeres es su espada, y, por cierto, nunca la dejan enmohecerse.
Ten tu mano pronta para echarla al sombrero, y tardía para meterla en el bolsillo.
Amor, tos, humo y dinero no se pueden encubrir mucho tiempo.
La confianza mata al hombre.
Más sordos y cegatones, quienes no aceptan razones.
Más merezco; pero contigo me conformo.
El melón en ayunas es oro; al mediodía, plata; y por la noche, mata.
Mujer que espera al príncipe azul, viches a los santos de tul.
Casada te veo; otro mal no te deseo.
Pronto y bien, rara vez juntos se ven.
De lo hermoso, hermoso es el otoño.
Buena cara y malos hechos, a cada paso los vemos.
No hace plata quien más suda, si la suerte no le ayuda.
Casa sin mujer y barca sin timón, lo mismo son.
No tengas como vano el consejo del anciano.
El silencio hiere más, que la palabra procaz.
Reprende las vidas ajenas con buen ejemplo y no con dicho ni cuento.
Amigo sin dinero, eso quiero; que dinero sin amigo, a veces no vale un higo.
El triunfo de los crueles es breve
Donde hay hambre, las tripas cantan.
De dinero y amistad la mitad de la mitad.
Pocos pelos, pero bien peinados.
A mal Cristo, mucha sangre.
Aseada aunque sea jorobada.
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
En Mayo, leche y miel hacen al niño doncel.
Los perros abren los ojos a los 15 días, los pendejos nunca.
Quien mucho duerme, poco vive.
El día para el trabajo; la noche para el descanso.
Jamás rico será el que lo de otro en lo suyo no meterá.
Si a los treinta no te has casado ni a los cuarenta eres rico, arre borrico.
Lo que te dice el espejo no te lo dice tu hermana carnal.
Al desdén con el desdén.
Daño es ser engañado una vez, dos, necedad es.
Pronto y bien no hay quien.
La col hervida dos veces mata.
Tú no llevas vela en este entierro.
Si con el pensamiento se caminara, ¡cuantas horas el día contigo estara!
Al amigo, nunca lo pruebes.
El motín no se debela, metiéndole más candela.
El hombre se tuerce; pero no se rompe.
Debo, no niego; pago, no tengo.
Un beso robado no se devuelve fácilmente.
Enfermo que bebe y no mea el diablo que se lo crea.
No juzgues a tu amigo sin haberte puesto antes en su lugar
Más vale sardina en plato, que una sirena en retrato.
El amor es ciego, y el matrimonio lo cura.
El mayor gusto, el vengar; la mayor gloria, el perdonar.
Las mujeres son como las veletas: solo se quedan quietas cuando se oxidan.
Cerca está de saber vencer quien bien sabe pelear.