Las boñigas de los caballos no son higos
No hay peor sordo, que quien no quiere oír, ni peor ciego, que quien no quiere ver.
Bueno es que haya ratones, para que no se sepa quién el queso se come.
No hay más sordo, que quien no quiere oir.
A quien amasa y cuece, muchas cosas le acontecen.
No está el palo para cucharas.
Vivos y muertos, todos al "huerto".
Que lo mate Dios que lo crió.
A quien se hace puntal los perros le orinan en el cuello.
Ruin señor, cría ruin servidor.
Zurra que te zurra y así andará la burra.
¡Qué lindo don Diego, si no fuera muerto!.
Quien borracho se acuesta, con agua se desayuna.
Escarba la graja, mal para su casa.
Zumo de parras, la alegría de la casa.
El que escucha su mal oye.
Ir en el coche de San Fernando: unos raticos a pie y otros andando.
Al que fortuna lo viste, fortuna le desnuda.
Pan casero, de ese quiero.
Julio, lo verde y lo maduro.
Año de bellotas, nieve hasta las pelotas.
Para sabio Salomón.
El mal para quien lo fuere a buscar.
Al mejor caballo se le van las patas.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
El trigo y la mujer a la candela parecen bien.
Aún no es alcalde y ya quiere comer de balde.
Al perro y al gato no les pongas en el mismo plato.
Costurera mala, la hebra de a vara.
Caballo bonito, corto y gordito.
Tener miedo es de prudentes; saberlo vencer, es de Valiente.
Madre piadosa cría hija miedosa.
Las llaves en la cinta y el perro en la cocina.
A tu amigo pélale el higo y a tu enemigo el prisco.
Unos llevan la fama y otros cardan la lana.
A quien mucho se apresura, más el trabajo le dura.
Genio y figura hasta la sepultura.
Tras la fortuna guía el favor.
Indios y burros, todos son unos.
Al mal amor, puñaladas.
Si te pica un alacrán, las campanas a repicar.
Quién come para vivir, se alimenta; quién vive para comer revienta.
A buen andar o mal andar, comer y guardar.
El que lo tiene, lo gasta, y si no, se lame el asta.
Gobierna para que no hagamos cruzar al perverso, porque no obramos como él. Álzate, dale tu mano, déjale en los brazos del Dios, llena su vientre de tu pan a fin de que se sacie y avergüence.
Largo el pelo, corto el seso. Por las mujeres va eso.
Al que quiera celeste, que le cueste.
Dios sea loado, el pan comido y el corral cagado.
Cual el año, tal el jarro.
Es más corto que las mangas de un chaleco.