No confundas al hombre en el tribunal ni desvíes al justo.
Quien quiere bueno y barato, demora buscando un rato.
Beso de mudo, no le dé Dios a ninguno.
La conciencia vale por cien testigos.
Hombre mezquino, no pida ayuda a su vecino.
Mal se honra hombre con lo ajeno.
Un indio menos, una tortilla mas.
Secreto de dos, guardado; de más de dos, en la calle echado.
En vida de matrimonio, ni soso ni salado.
Gran tocado y chico recado.
El casado en su casa, y el muerto en la mortaja.
Para tener paz en casa cuando llega el marido todo debe estar limpio.
Buen queso y vino espeso, y con éste que sea largo el beso.
Gran corsario es el tiempo, siempre llevando, siempre trayendo.
Amigo traidor, una buena cuerda y colgado al sol.
A quien das de yantar, no te duela dar de almorzar.
Para ser dichoso, vida de clérigo, enfermedad de casado y muerte de religioso.
Quien en presencia te teme, en ausencia te perjudica
No hay cambios sin inconvenientes, aun de peor a mejor
Amistad fundada en el vino dura como el vino; solo una noche
Son cucarachas del mismo concolo.
Cántaro roto, no sufre más remiendo que comprar otro.
No hay más amigo que Dios y el duro en la faltriquera.
La mujer y la escopeta, en casa déjalas quietas.
Necesitado te veas.
Nuestros padres nos han enseñado a hablar y el mundo a callar.
Quien va pasito a pasito, llega descansado.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Quien a mano ajena espera, mal yanta y peor cena.
En el amor y en las luxaciones las recaídas son frecuentes
El que de servilleta llega a mantel, Dios nos libre de él.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
Solo triunfa en la lucha por la vida aquél que tiene la paciencia en sus buenos propósitos e intenciones.
Lo escaso es siempre lo más bello.
Palabra dada, palabra sagrada.
Guardaré hoy que puedo; que quizás mañana no mueva un dedo.
El que a su hijo consiente va engordando una serpiente.
A buen sueño, no hay cama dura.
Caballo que es bueno, no ha de menester mucho sonar de su timbre.
A casa del cura, ni por lumbre vas segura.
El que bien te quiere te hará llorar.
Honor a quien honor merece.
Contra gustos no hay nada escrito.
La casa de Celestina, todos la saben y nadie la atina.
Madre e hija caben en una camisa; suegra y nuera, ni en una talega.
Una vez terminado el juego el rey y el peón vuelven a la misma caja.
Quien te acaricia más de lo que suele, o te ha engañado o engañarte quiere
Lo prestado, es primo hermano de lo dado.
Nunca con menores, entables amores.
A buey viejo, pasto tierno.