Trata con escama y tino a los que no beben vino.
El fraile, la horca en el aire.
Abájanse los adarves y álzanse los muladares.
Allí perdió la dueña su honor, donde habló mal y oyó peor.
El mandar no tiene par.
Aunque mucho suena, solo echa aire la trompeta.
Dale, si le das, que me llamen en casa.
Dando al diablo el hato y el garabato.
Con promesas no se cubre la mesa.
Negocio de enterrador, negocio asegurador.
Al que bebe buen vino en jarro, quiébrale el cacharro.
No entres de golpe en casa ajena: llama a la puerta y espera.
Jugar a dos barajas.
Perdona una vez; pero nunca tres.
A tu enemigo fallecido, perdón y olvido.
Mientras mi vecina sea boba, ¿quién me manda comprar escoba?.
Variante: Ver para creer y para no errar, tocar.
¡A darle que es mole de olla!
Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.
De necios es huir de consejos.
Diez mil preguntas, son una pregunta. Si contestas una pregunta, desaparecen las diez mil.
Nadie da palos de balde.
De tal jarro, tal tepalcate.
Tu mujer te pedirá disculpas cuando la luna se caiga.
Luego que has soltado una palabra, ésta te domina; pero mientras no la has soltado eres un domador.
Las palabras se cogen, de quien las dice.
Albricias, madre, que pregonan a mi padre.
Lo imposible, en vano se pide.
Oiga señor cagón, le digo con disimulo, apunte bien ese culo, en la boca del cajón.
Ni casa en dos lugares, ni paja en dos pajares.
Las palabras no cuestan plata.
Acertó a mear el buey en la calabaza.
Saber es poder.
No hagas a otros lo que no quieres que hagan contigo.
Júntanse las comadres y arde en chismes la calle.
Costumbre hace la ley.
Hablar bien y hacer bien terminan con la misma letra; hablar bien es bueno, pero hacer bien es mejor.
Por lo demás, paciencia y barajar.
Si las orejas sacude la burra, agua segura.
Casa ordenada, casa salvada.
Reniego de grillos, aunque sean de oro fino.
Dios castiga sin palo ni piedra
Caminar sobre seguro.
Atente al santo y no le reces.
Quien no tiene papo, no es guapo.
No es lo mismo hablar con el torno que con las monjas.
O comed y no gimáis, o gemid y no comáis.
La gata de doña Flora, si se la ponen grita, si se la quitan llora.
Nunca me arrepentí de lo que no dije.
Haz el bien y olvídalo.