El borracho, aunque turbio, habla claro.
Por miedo a los gorriones, no se deja de sembrar cañamones.
Buscar excusas a una idiotez es cometer otra.
Sin padrino no se hace ni el milagro del Santo Cucarro, que con agua y tierra hacía barro.
Para decir que el toro viene, no es menester tantos arrempujones.
Ni comer sin beber, ni firmar sin leer.
El muchacho que es llorón y tú que me lo pellizcas.
Cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo espanta moscas.
Antes de hacer nada consulta con la almohada.
Riqueza trabajosa en ganar, medrosa en poseer, llorosa en dejar.
Para acertar mejor, echarlo a lo peor.
Dar el consejo y el remedio, favor completo.
Por San Simón y San Judas, la habas son orejudas.
Abad, judío y madona, jamás perdonan.
El comer y el cagar, con reposo se han de tomar.
Las cortinas de una alcoba son como las de un tribunal, y la cama de marfil es parecida a una cárcel
Volverse la albarda a la barriga.
Mucho decir veremos, pero nunca vemos.
Cuando al soldado le hablan de usted, o lo han jodido o lo quieren joder.
Palo de nogal, quiebra costilla, no hace señal.
Arca cerrada con llave, lo que encierra no se sabe.
Boca sin muelas, molino sin piedras.
A las diez deja la casa do estés. Si en la tuya estás, te acostarás.
Más vale despedirse que ser despedido.
La verguenza es último que se piedre.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
A veces caza quien no amenaza.
No te asombres por poca cosa.
Ninguno se alabe de hacer lo que no sabe.
Quien compra al amigo o al pariente, compra caro y queda doliente.
El que ríe el último, ríe dos veces.
Quedar como novia de pueblo (vestida y alborotada).
Las ofensas se escriben en el mármol, los beneficios sobre la arena.
Ignorante y burro, todo es uno.
Quien hace casa en la plaza, o ella es muy alta o muy baja.
El que no te conozca, que te compre.
Muchas palabras verdades se dicen en broma.
Al cuco no cuques y al ladrón no hurtes.
A beber y a tragar, que el mundo se ha de acabar.
El injustamente alabado, entienda que es engañado.
Hijo casado, vecino airado.
No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
También al verdugo ahorcan.
Cada vez que uno ríe quita un clavo del ataúd
Quien da no debe acordarse; quien recibe no debe olvidar nunca
Al flojo cavador, meterlo en medio, y grande azadón.
Viendo al payaso, soltando la risa.
Nadie diga de ninguno porque no diga de el alguno.
La madera de enero no la pongas al humero; déjala estar cortada, que ella se curte y amansa.
Cortesía de boca, gana mucho a poca costa.