Gallina ponedora y mujer silenciosa, valen cualquier cosa.
Dádivas quebrantan peñas.
Cuanto menos bulto más claridad.
Dale al diablo lo que es suyo: lujuria, envidia y orgullo.
No hay pero que valga.
Cada cual a lo suyo.
A confite de monja pan de azúcar.
Casa mía, casa mía, por pequeña que tú seas me parece una abadía.
La libertad vale más que el oro
Nunca anochece donde se ama.
Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
Borrachez, de agua; que la de vino es cara y sale a la cara.
Dios te dé salud y gozo y casa con corral y pozo.
Coces de garañón, para la yegua cariños son.
El que con locura nace, con ella yace.
Palabra que retienes dentro de tí, es tu esclava; la que se te escapa, es tu señora.
Beber, hasta la hez.
Salud sin trabajo, campana sin badajo.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Quien madruga ojeras tiene.
Arco iris al amanecer, agua antes del anochecer.
Abajo está lo bueno, dice la colmena al colmenero.
Tenemos dos ojos para ver mucho y una boca a hablar poco.
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
Mujer muerte, siete a la puerta.
Mientras hay alma, hay esperanza.
Si lo de fuera se ve, lo de dentro se adivina.
El orgullo puede estar oculto bajo un capa caída.
El ojo quiere su parte
Mujer desnalgada es hombre.
Chica es la aguja, y se halla si bien se busca.
Regala a la gata y te saltará a la cara.
De tales devociones, tales costurones.
Sufrir mujer contenciosa, es brava cosa.
Una espina en el ojo.
A burlas, burlas agudas.
Mal está el ama, cuando el barbero llama.
¡Este no es mi Juan, que me lo han cambiao, aquél tenía pelo y este está pelao!.
Casada que va a fiestas, cuernos en cestas.
No necesito niguas para ser tishudo.
Le da siempre algún recelo, al calvo que pierde un pelo.
El olmo tiene bellas ramas, pero no da fruto.
No hay mayor pena que perder a una mujer buena.
Ganas tienes y con ellas te entretienes.
La vida es para una generación; un buen nombre, para siempre.
Alegría y tristeza muerte acarrean.
Tras de maluca tuerta, más le valiera estar muerta.
El hombre por el traje, la perdiz por su plumaje.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.