Dicen que el hombre no es hombre hasta que no oye su nombre de labios de una mujer.
El oro se prueba con el fuego; la mujer, con el oro; y el hombre, con la mujer.
A la mujer, el hombre la ha de hacer.
El hombre en la plaza, la mujer en la casa.
El hombre lo pide, y la mujer decide.
El hombre pone y la mujer dispone.
El hombre reina y la mujer gobierna.
La mujer hilando, y el hombre, cavando.
Ni hombre tiple, ni mujer bajón.
Un hombre, una palabra; una mujer, una carretada.
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
¿De dónde eres, hombre?. De la aldea de mi mujer.