Es mejor encender una cerilla que maldecir la oscuridad.
Si una mujer no se guarda, ¿quién la guarda?.
No merma el daño el ser muchos a llorarlo.
Las lagrimas de las mujeres valen poco y cuestan mucho.
A padre avaro, hijo pródigo.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
Consejo de quien bien te quiere, escribelo aunque no lo apruebes.
Del tiempo y de mujeres, lo que vieres.
Vale más tener que no desear.
Gota a gota, la mar se agota.
Cólera de amantes resurgir del amor
Parecerse como un huevo a una castaña.
A buey viejo, cencerro nuevo.
De uvas a peras.
Cuanto más primo, más me arrimo.
Amor sin plata, no dura.
Todos son unos, muertos y difuntos.
A veces es más fatal, la medicina que el mal.
Mientras el cuerdo duda, el loco emprende y termina la aventura.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Castígame mi madre, y yo trómposelas.
El que tiene su cohombro, que se lo eche al hombro.
Tal vendrá que tal te quiera.
El que su nariz acorta, su cara afea.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
El amor entra por la cocina.
A la mañana el blanco y el tinto al serano.
Un apóstol en el cielo y un escribano en el suelo.
Todo acaba con la muerte, menos, el hacer bien.
Al amigo pélale el higo, al enemigo, el melocotón
El amor y el interés se fueron al campo un día, pero más pudo el interés que el amor que le tenía.
El loco, por la pena es cuerdo.
El ser humano es bueno cuando hace mejores a los otros.
En cada legua hay un pedazo de mal camino.
La hija buena vuelve a casa, aún cuando sea parida.
La oveja y la abeja, por Abril sueltan la pelleja.
Es del hombre condición, como del cabrito, o morir muy pequeñito o llegar a ser un cabrón.
Ni fea que espante, ni hermosa que mate.
Tantos trabajos y a la vejez andrajos.
Un libro es como un jardín en el bolsillo.
La avaricia, lo mismo que la prodigalidad, reducen a un hombre al último mendrugo.
Mancha en honra, más pronto se echa que se borra.
El dinero hace al hombre entero.
Bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero.
Toda desgracia es una lección.
Despacio, que llevo prisa.
El jorobado no ve su joroba, sino la ajena.
Oír, ver y callar, para con nadie tropezar.
Me importa un comino.
Llegar y besar el santo.