El sol de Marzo, da con el mazo.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Vence al enemigo sin manchar la espada.
Oveja duenda, mama a su madre y a la ajena.
A pan ajeno, navaja propia.
Adonde halló un panal, vuelve el oso a husmear.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Locura es dar consejos a un enemigo; pero más locura todavía es tomarlos de él.
El cuerdo nunca se satisface de lo que hace.
Quien no es para más, de hambre en su tierra perecerá.
Esta es la gota que derramo el vaso.
La fe mueve montañas.
Mejor es resignarse que lamentarse.
Uso tu propia lanza contra tu propio escudo.
Escoger huevos en banasta, escoger la peor casta.
Más vale amenaza de necio, que abrazo de traidor.
El heroísmo consiste en aguantar un minuto más.
A dos palabras tres porradas.
Entre hermanos que nadie meta la mano.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
La bebida despinta al barniz y descubre al hombre.
Quien en una piedra dos veces tropieza, justo es que se rompa la cabeza.
Alaba solo a Dios, critícate sólo a ti mismo.
El que con cojos anda se llama bastón.
Por San Lucas siembra habucas; siembra pocas y cogerás muchas.
Variante: El ruin cuando más le ruegan, más se extiende.
La soga siempre parte por lo más finito.
El gozo en el pozo.
Tarde en casar y malcasar, son a la par.
Cartas cantan.
Nadie puede atar las lenguas a las gentes.
El que pretenda agradar a todos en lo que hace, se incomodará y no contentará a nadie.
Quien a solas se aconseja, a solas se remesa.
La mujer y la gallina, por andar se pierden aína.
Barre la nuera, lo que ve la suegra.
La mentira dura mientras la verdad no llega.
Entre hermano y hermano, no metas la mano.
La mujer y la guitarra para tocarlas hay que templarlas.
Nadie aprecia lo que tiene hasta que lo ve perdido.
Algo quiere la coneja, cuando mueve las orejas.
Lo mucho se gasta, y lo poco basta.
Con azúcar o miel, todo sale bien.
No le falte tabaco ni vino a quien hace camino.
Siempre se le aparece la Virgen a los pastores.
Con la cuchara que escojas, con aquella comerás.
La reflexión consigue tantas victorias como la precipitación consigue derrotas.
El pastor que se acuesta con sus abarcas, cuando se despierta no se las calza.
Solo se tiran piedras contra el árbol que da frutos.
La persona que se conoce a sí mismo, será invencible.
Por su facha y alharaca, el nuevo rico se saca.