A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Amigo ambiguo vale por dos enemigos
Lo que de noche se hace, de día se ve.
Quien come mucho se empacha, y quien bebe se emborracha.
Hombre con hambre, no sabe lo que hace.
Es más vago que la quijá de arriba.
No hay nada peor que un maricon resentido.
Grandezas de bastardía, a no haber habido putas, no las habría.
El último mono es el que se ahoga.
De esta agua no beberé.
Casa en que no hay un viejo, no vale un arvejo.
Nadie regala nada a humo de pajas.
Quien amigo es del vino, enemigo es de sí mismo.
Del médico y del enterrador, cuanto más lejos mejor.
La desconfianza y el amor no comen en el mismo plato
¿Qué mayor desconsuelo que mucho peine y poco pelo?.
Dios castiga sin palo ni piedra
Es quien predica y predica, quien menos cree lo que explica.
Dijo el asno al mulo: "Arre allá, orejudo".
Dios te guarde de hombre que no habla y de can que no calla.
Se dice el pecado, pero no el pecador.
Huele peor el pedo ajeno que el propio.
La necesidad agudiza el ingenio.
Peor está que estaba.
Decir, me pesó; callar, no.
El que con locura nace, con ella yace.
Un paso en falso se hace deplorar toda la vida.
Agua en ayunas, o mucha o ninguna.
Desnudo naci, desnudo me hallo; ni pierdo ni gano.
Con pan, hasta las sopas.
El bien y el mal andan revueltos en un costal.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Mas pesado que un biberón de mondongo.
No es bueno huir en zancos.
A los pendejos ni Dios los quiere.
Boca abierta, dientes de oro.
El bobo José Mamerto, tras de jetón, boquiabierto.
Donde hay saca y nunca pon, presto se acaba el bolsón.
La basura se deja solo a quienes trabajan con ella.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
Quien anda con lobos a aullar aprende.
Zurrianme las orejas; reniego de putas viejas.
Las arrugas son la tumba del amor
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
Fe y verdad, en el cielo se sabrá.
La libertad es una alhaja que con ningún dinero se paga.
El conejo y el ruin, donde nace quiere morir.
La boca de un hombre mayor está sin dientes, pero nunca sin palabras de sabiduría.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
Como no soy ningún río Tajo, lo mismo corro para arriba que para abajo.