Más puede Dios solo que los diablos todos.
Deja lo afanado y toma lo descansado.
El perro es el mejor amigo del hombre.
El hijo que sale al padre, saca de duda a la madre.
Por San Andrés, el mosto, vino es.
Más confío en el trabajo que en la suerte.
Algo tiene la fea, por donde el galán la desea.
La gracia de cada refrán, es decirlo en el momento y el lugar en donde van.
La tierra no es una herencia de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos.
Cual el año, tal el jarro.
Con rastra y soltera, tenla por ramera.
Boca con duelo, no dice bueno.
Nos avergonzamos de reconocer lo que le debemos al azar: de todos los benefactores, el azar es el que recibe más ingratitud
La mujer compuesta grita al marido de otra puerta.
Cada loco con su tema y cada lobo por su senda.
Consejo no pedido, consejo mal oído.
Repartamos así: para ti la Justicia y el favor para mí.
Entre dos que se quieren con uno que coma basta [y ese que sea yo].
Caballo chiquillo, siempre potrillo, caballo grande aunque no ande.
El que no duda, no sabe cosa alguna.
Se necesita viajar mucho hasta que el hombre crudo alcanza su madurez.
A maestro de espada, aprendiz de pistola.
En el sendero nuevo, camina lentamente.
La cola de la vaca mira a derecha e izquierda.
Rico es el que nada desea y el que nada debe.
Si sale cara, gano yo; si sale cruz, pierdes tú.
Perla brillante arrojada en la oscuridad.
El buey busca la sombra; porque la sombra no lo busca a él.
Al hombre deshonesto le es útil el azar
Diga mi vecina, y tenga mi costal harina.
Teta que mano no cubre, no es teta, sino ubre.
A la mujer que fuma y bebe el diablo se la lleve. Y si además mea de pie, "liberanos domine".
El que te enseña por un día es tu padre por toda la vida.
Amigo lejos, amigo muerto.
El francés no es de natura si no prende al que se asegura.
Quien a comer de gorra se mete, come por siete.
El oro legítimo no teme al fuego.
Tal vendrá que tal te quiera.
Enero caliente, el diablo trae en el vientre.
El que ha tenido un mujer, merece una corona de paciencia; el que ha tenido dos, la merece de simpleza.
Tú que coges el berro, guárdate del anapelo.
Pan de mi alforja, como el no me falte, todo me sobra.
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
El que se quemo con leche hasta las cuajadas sopla.
Quien no da aquello que ama, no recibe lo que ansía
Amigo y casa vieja, para otro los deja.
A ruin, ruin y medio.
Hombre casado, burro domado.
Cada uno canta como le pagan.
Los enamorados, no ven a los lados.