Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
De San Martín en adelante ya no hay diablo que aguante.
A borrico desconocido, no le toques la oreja.
Guardaré hoy que puedo; que quizás mañana no mueva un dedo.
La mejor leña está donde no entra el carro.
La oración de Zumaque: para trbajar no te mates.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
Date buena vida, temerás más la caída.
Al músico viejo le queda el compás.
Febrero y las mujeres, entre cuatro paredes.
Quien ama a Beltrán ama a su can.
Si quieres sacar miel, sácala por San Miguel.
Ni hermosa que mate, ni fea que espante.
Ama el sol, el que tiene sombra
La muerte es flaca y no ha de poder conmigo.
De la norteña y la tapatía, la primera tuya, la segunda mía.
la ropa son alas.
De suegras y de cuñadas va un carro lleno, mira que linda carga va para el infierno.
Qué bien canta el tordo si está gordo.
Dios consiente, pero no siempre.
La señora ostentación, echa la casa por el balcón.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
No saber de la misa la media.
Buen compañero, solo Dios del cielo.
Dios castiga, pero no ha palo.
Espéjate para que veas cómo eres.
Te lo digo a ti, mi nuera; entiendelo ti mi suegra.
El orgullo ciega por unos instantes, dejando recuerdos indelebles
Mujeres y almendras, las que no suenan.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
Andaluz con dinero y gallego con mando, y estoy temblando.
La fantasía es la loca de la casa
Dios le dio novia y el diablo le dará hijos.
Belleza sin talento, veleta sin viento.
Mujer, viento, tiempo y fortuna, presto se muda.
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
Romero ahíto saca zatico.
¿Dónde vas Vicente?. Donde va la gente.
La suerte y la muerte están siempre a la puerta
Uno esquila ovejas, otro, cerdos
No hay altanería que no amanece caída.
Ocasión perdida, para siempre ida.
Remo corto, barca pequeña.
El perdigón y el gallo, por Mayo.
Aguardiente arrancarejas, no la bebas.
Zapatazo que le duela, a quien sin llamar se cuela.
En arca de avariento, el diablo yace dentro.
Mejor que juntar las manos para rezar, es abrirlas para dar.
Amor de madre, ni la nieve lo hace enfriar.
Para San Matías se van los tordos y vienen las golondrinas.