A hombre desgarbado, dale de lado.
Ni lugar sin taberna, ni puta sin alcahueta.
Obra bien y espera; que Dios es el que premia.
Hados y lados tienen dichosos o desdichados.
No dar pie con bola.
Hay desgracias con suerte.
Las caras nos vemos, más los corazones no.
Casa sin gobierno, disgusto eterno.
Como es el pago, así es el trabajo.
Feliz es el hombre que encuentra un amigo generoso.
No hay mejor amigo ni pariente que uno mismo
La avaricia es como el fuego, cuando más leña se pone, más arde.
Oro y jade por fuera y algodón podrido por dentro.
En la amistad, quien más da, menos recibe
Como es el mesón, así los huéspedes son.
Dádivas y buenas razones, ablandan piedras y corazones.
Fraile junto a doncella, ojo con él y ojos con ella.
A buen hambre, no hay pan duro.
Habla poco, anda grave y parecerá que sabes.
Casado, pero no capado.
Comamos lo tuyo, bueno y santo, que de lo mío no tengo hambre.
Amigos que no dan y vecinos que no prestan, quedar mal poco cuesta.
No hay cosa que no tenga su contra.
Hay que coger al toro por los cuernos.
Nadie experimenta en cabeza ajena.
El de sabio corazón acata las órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre.
Guiso recalentado y amigo reconciliado, dales de lado.
El Señor no deja sin comer al justo, pero frustra la avidez de los malvados.
A causa perdida, mucha palabrería.
Nadie nace enseñado.
Lección bien aprendida, tarde o nunca se olvida.
Mejor que juntar las manos para rezar, es abrirlas para dar.
De buenos y de mejores a mi hija vengan demandadores.
Fiate de Dios y no corras.
El amor del cobarde hace hombre para alarde.
A padre ahorrador, hijo gastador.
O comed y no gimáis, o gemid y no comáis.
El que algo debe, no reposa como quiere.
El sol siempre reluce.
Una persona pobre no es quien tiene poco, sino quien necesita mucho.
Donde las dan las toman y callar es bueno.
O faja o caja.
Contigo me entierren, que me entiendes.
Con la mujer y el dinero no te burles, compañero.
Palabras buenas abrirán puertas de hierro.
Nadie busca a otros en el horno si no ha estado allí él mismo
A nadie le amarga un dulce.
Más linda que una azucena, más limpia que una patena.
Si quieres hablar mal de alguien, hazlo por donde no sople el aire.
Llegada la ocasión, el más amigo, el más ladrón.