Aseada aunque sea jorobada.
Hay ojos que de legañas se enamoran.
Beldad y hermosura, poco dura; más vale la virtud y la cordura.
Hacienda, que tu amo te atienda, y si no que te venda.
Miel sobre hojuelas. (para indicar que algo es muy bueno)
La mala paga , aunque sea en paja.
Palabras melosas, siempre engañosas.
Solo el ciego tantea en la oscuridad.
Hasta la belleza cansa.
La que fácil llega, fácil se va.
La cabra come el césped allí donde se ata.
La burra no era arisca pero la hicieron.
Saber es poder.
Hurta y reparte, que es buen arte.
Buey lerdo, bebe agua turbia.
Como la espada, así la vaina.
Una persona supero proteccionista tien infortunios (tener cuidado excedente invita desgracias).
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
La cana engaña, el diente miente, pero la arruga, no cabe duda.
La paciencia es agria, pero tiene una fruta dulce.
Alegría, belleza cría.
La viuda rica, con un ojo llora y con el otro repica.
Quien a heredar aspira, larga soga estira.
Sabiduría probada, no dársele a uno para nada.
Dar una de cal y otra de arena.
Mujer que al andar culea y al mirar los ojos mece yo no digo que lo sea, pero lo parece.
Atiende más a la mirada del sabio que al discurso del necio.
Buena pata y buena oreja, señal de buena bestia.
Vale más tener que no desear.
Hablando, hablando, la ocasión se va pasando.
Ni fea que enfade, ni hermosa que se codicie.
Al buen corazón la fortuna le favorece.
La diligencia es madre de la buena ventura; y la pereza, su contraria.
La hija de la cabra que ha de ser sino cabrita.
Esperanza que consuela, que no muera.
Madrastra, madre áspera.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
Al saber lo llaman suerte.
Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál debe ser su destino.
Galope que mi caballo no lleva, en el cuerpo le queda.
Halagos a la casada pronto la hacen más mala.
De buena semilla, buena cosecha.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
Hija, no comas lamprea, que tienes la boca fea.
La mala moza, a porrazos hace las cosas.
A barba, ni tapia, ni zarza.
El que las sabe, las tañe.
Saber callar es una prueba de sabiduría que buscan pocos hombres.
Fía y vende bien, que la paga ella se bien.
De lo que por sutil se quiebra, no hagas hebra.