Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
Para bien hablar, antes bien pensar.
Para el bien, de peña; para el mal, de cera.
En mi gusto y en mi gana, ni mi tata ni mi mama.
La mierda, bajo la nieve, no se ve.
Boca abierta, dientes de oro.
Del dicho al hecho hay largo trecho.
Siempre habla quien menos puede.
Al niño besa quien besar a la madre quisiera.
El centavo mal habido corrompe al peso honrado.
Decir la verdad es como escribir bien, se aprende practicando
De Cantimpalos, no hay chorizos malos.
No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
Dios le da maíz a quien no tiene gallinas.
Se puede aprender mucho de una boca cerrada.
Lo que no mata engorda.
Dar del pan y del palo, para hacer buen hijo del malo.
Trece morcillas tiene un cerdo, ni te las doy ni te las cuento.
Al asno lerdo, arriero loco.
El tramposo, el codicioso y el tahúr, presto se conciertan.
A los quince, los que quise; a los veinte, con el que diga la gente; a los treinta, el primero que se presenta.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Quien tiene un criado, tiene un criado; quien tiene dos, tiene medio; quien tiene tres, ninguno.
Acá como allá, y allá como acá.
El amor empieza con los ojos y termina con la costumbre
Decir suele ser señal de no hacer, como ladrar lo es de no morder.
Contra las palabras llenas de ira nada mejor que una boca bien cerrada.
El que sacrifica su conciencia a la ambición quema una pintura para obtener las cenizas.
Los hermanos y las hermanas están tan unidos como las manos y los pies.
Júntanse las comadres y arde en chismes la calle.
Abrir la fuente y disminuir el escape del agua.
Refrán es muy antiguo que es gran mal el mal vecino y más si es de tu oficio.
El agua para los peces; para los hombres, vino a montones.
Se pasa tantas veces cerca del cementerio que al final se cae dentro
Pereza, llave de pobreza.
La belleza lleva su dote en el bolsillo
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
Nunca anochece donde se ama.
La belleza passa, la sabiduría permanece.
Pierde enseguida el que desespera por ganar
El hombre que no sabe sonreír no debe abrir la tienda.
El mejor perro, el de casa; la mejor mujer, la del vecino.
Después de perdido el barco, todos son pilotos.
Ser amable es ser invencible.
Si las palabras de salida son hermosas, entonces las palabras entrantes serán muy bonitas.
Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.
Hablen cartas y callen barbas.
Los pícaros creen que nada puede hacerse sin picardía.