Ayer putas y hoy comadres, según de donde sopla el aire.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
La amante que te concede su cuerpo y no su corazón, te regala rosas sin espinas.
Hijos criados, duelos doblados; y casados, redoblados.
Siempre habla quien menos puede.
Boca abierta, dientes de oro.
La mierda, bajo la nieve, no se ve.
Del dicho al hecho hay largo trecho.
En mi gusto y en mi gana, ni mi tata ni mi mama.
No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio.
El centavo mal habido corrompe al peso honrado.
Se puede aprender mucho de una boca cerrada.
Decir la verdad es como escribir bien, se aprende practicando
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
Lo que no mata engorda.
Al niño besa quien besar a la madre quisiera.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
El tramposo, el codicioso y el tahúr, presto se conciertan.
Trece morcillas tiene un cerdo, ni te las doy ni te las cuento.
Contra las palabras llenas de ira nada mejor que una boca bien cerrada.
Dios le da maíz a quien no tiene gallinas.
De Cantimpalos, no hay chorizos malos.
Al asno lerdo, arriero loco.
El que sacrifica su conciencia a la ambición quema una pintura para obtener las cenizas.
A los quince, los que quise; a los veinte, con el que diga la gente; a los treinta, el primero que se presenta.
Dar del pan y del palo, para hacer buen hijo del malo.
Acá como allá, y allá como acá.
Los hermanos y las hermanas están tan unidos como las manos y los pies.
Decir suele ser señal de no hacer, como ladrar lo es de no morder.
Quien tiene un criado, tiene un criado; quien tiene dos, tiene medio; quien tiene tres, ninguno.
El amor empieza con los ojos y termina con la costumbre
Abrir la fuente y disminuir el escape del agua.
Júntanse las comadres y arde en chismes la calle.
Refrán es muy antiguo que es gran mal el mal vecino y más si es de tu oficio.
Se pasa tantas veces cerca del cementerio que al final se cae dentro
La belleza passa, la sabiduría permanece.
El agua para los peces; para los hombres, vino a montones.
La belleza lleva su dote en el bolsillo
Pereza, llave de pobreza.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
El hombre que no sabe sonreír no debe abrir la tienda.
Nunca anochece donde se ama.
Ser amable es ser invencible.
Pierde enseguida el que desespera por ganar
Si las palabras de salida son hermosas, entonces las palabras entrantes serán muy bonitas.
Hablen cartas y callen barbas.
El mejor perro, el de casa; la mejor mujer, la del vecino.
Después de perdido el barco, todos son pilotos.
Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.
Al hombre por el verbo y al toro por el cuerno.