Qué buenos semos, mientras comemos.
Agua de por San Juan, quita vino y no da pan.
Agua fría y borona caliente, hacen buen diente.
Fruta mala, pero ajena, ¡oh, qué buena!.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
El perro que no es de raza, si no tiene hambre no caza.
No hay nada más caro que lo regalado.
Cambiar manzana por ajo, no es buen trabajo.
Hace más la raposa que la curiosa.
Es mejor escuchar poco y entender que escuchar mucho y no hacerlo.
Ninguna buena historia se gasta, por muchas veces que se cuente.
Dos veces olla al día, el caldo amargaría.
Amor y fortuna, no tienen defensa alguna.
Es más fácil hablar que saber guardar silencio.
El más abusado se ahoga en el vado.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
Cuando no hay pan ni harina, todo ase vuelven mojinas.
De molinero cambiarás, pero de báscula no pasarás.
Se tragó el mate con bombilla y todo.
Cara más fea, la alegría la hermosea.
No recomiendes a nadie sino quieres que te reclamen.
Agua blanda en piedra dura, tanto da que hace cavadura.
Guacharaca que come corozo, confianza tiene un su jopo.
Es mejor callar y parecer idiota, que hablar y no dejar la menor duda.
El joven para obrar y el viejo para aconsejar.
Hermoso cagar de ventana, el culo para la calle.
La vida no vale nada, pero nada vale tanto como la vida.
Más vale mala suerte que muerte: la muerte no tiene remedio; la mala suerte la cambia el tiempo.
Cuando el daño está hecho todos saben aconsejarte
No olvides que la fortuna cambia como la luna.
Cada cual sabe lo que carga su costal.
Todo lo que corre nada y vuela, a la cazuela.
Costumbre hace la ley.
Cuando viene la chata, qué haces sin estirar la pata.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
Lo que uno no quiere, el otro lo desea.
Muerte y venta deshace renta.
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
A su amigo, el gato le deja siempre señalado.
El que es de tu profesión, es tu perdición.
Ya que uno dé campanada, que suene y que sea sonada.
Bendito aquel que, no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarnoslo con sus palabras.
Son más los días que las alegrías.
Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cria a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres.
Deuda real, se cobra tarde y mal.
Hasta las penas severas, con plata son llevaderas.
La esperanza es un buen desayuno; pero una mala cena.
A caballo ajeno, espuelas propias.
Un abogado listo, te hará creer lo que nunca has visto.
De casa del abad, comer y llevar.