En tierra de abrojos, abre los ojos.
Una mentira, madre es de cien hijas.
El que no está contra ti, está contigo.
El amor y el odio son las dos caras de la misma moneda.
Quien anda con lobos a aullar aprende.
El que a hierro mata, no muere a monterazos.
Con el mal pastor, las ovejas se queman al sol.
El amor vence todo.
Ráscate la pierna, que te duele la cabeza.
Ni ruin hidalgo, ni ruin galgo, ni ruin letrado.
No hay mayor tontería que reñir.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
El amor es ciego, pero el casamiento encuentra la cura.
Entendimiento agudo pero sin grandeza lo pincha todo y nada mueve.
Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.
El que no da un oficio a su hijo, le enseña a ser ladrón.
El que se casa, por todo pasa.
Tronar como un arpa vieja.
Si dices la verdad, ya tienes un pie en el estribo.
La amante ama un día, la madre toda la vida.
Sin pan y vino, no hay amor fino.
A fuerza de probaturas perdió el virgo la Juana.
El que se fue a Barranco perdió su banco!
A este le dicen Zapata... si no la gana la empata.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
El mal que se vaya y el bien se nos venga.
En el modo de partir el pan se conoce al que es tragón.
Cuervo con cuervo, no se quitan los ojos.
El que quiera conquistar tiene que luchar.
Se fue su corazón , está sumergido en su pensamiento.
Hasta el rabo, todo es toro.
Quien hila y tuerce, bien lo merece.
Si el trabajo enorgullece, recuerda que el orgullo es pecado.
Por tu corazón juzgarás al ajeno, en malo y en bueno.
Los errores son grandes cuando el afecto es pequeño
El que de refranes se fía, no llega bien al mediodía.
El juego del puto, la primera carta es triunfo.
Todo necio confunde valor y precio.
Peor está que estaba.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
No le quiere mal quien le quita al viejo de cenar.
Quien bien tiene y mal escoge, si sale mal que no se enoje.
Esa negrita chiflada, no paga desbraguetada.
La barriga llena da poca pena.
La magnificencia prestada, es miseria.
A la aguja, buen hilo, y a la mujer, buen marido.
No hay dos sin tres. (Siempre hay consecuencias)
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
Nada hay más atrevido que la ignorancia.
Dando al diablo el hato y el garabato.