Quien se dispone a declarar la verdad, deberá tener ya plantado su pie en el estribo de su cabalgadura.
En cada refrán tienes una verdad.
Si tienes mucho, da tus bienes; si tienes poco, da tu corazón.
Aquel que reconoce la verdad del cuerpo puede entonces conocer la verdad del universo.
Nadie cante victoria aún cuando en el estribo esté.
A quien dices el secreto das tu libertad.
Si dices las verdades, pierdes las amistades.
A nadie has de decir cuánto tienes, dónde lo tienes, ni adónde piensas ir.
A quien dices tu secreto, haces tu dueño.
Si le dices tu secreto a una mujer, de dominio público ha de ser.
Dices tu pena a quien no le apena, te quejas a madre ajena.
Es como tener un tío en Alcalá, que ni tienes tío, ni tienes na.