Madre hay una sola.
Quien da consejo no pedido, se expone a perder el consejo y el amigo.
A puerta cerrada el diablo se vuelve.
Al más charrán paga le dan.
Muy pronto te cansados y en un año te amansarás.
A sembrar a San Francisco, aunque sea en un risco.
La práctica perfecciona.
Quien nada pide, nada recibe.
Quien de los suyos se aleja, Dios le deja.
Es mejor ser envidiado que ser apiadado.
Dinero en la bolsa, hasta que no se gasta no se goza.
Le sacan punta a una bola de billar.
El hombre que consigue ver las cosas pequeñas tiene la mirada limpia.
La ingratitud embota la virtud.
Asi joven supiera y el viejo pudiera.
Para aprender, lo principal es querer.
Trabajo hecho en domingo, el diablo se lo lleva.
Nadie aprende por cabeza ajena.
Date a placer, Miguelejo; morirás de viejo.
A gran chatera, gran pechera.
Está como padre, que le llevan la hija.
El ladrón juzga por su condición.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
Llagas hay que no curan, y toda la vida duran.
Con el tiempo y la paciencia se adquiere la ciencia.
Donde hay leyes, hay trampas.
Firmar sin leer, solo un necio lo puede hacer.
Hasta la muerte, todo es vida.
Lo que con ansia se alcanza, a la larga, también cansa.
El que no tiene una cruz, se la están haciendo.
El buen paño dentro del arca se vende.
De buen caldo, buenas sopas.
Estar como cucaracha en baile de gallinas.
Quien por todo se apura, su muerte apresura.
Ofrecer el oro y el moro.
Para el avaro, todo es caro.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
Siempre la aguja se le dobla a quien no tiene otra.
Desengaños y sinsabores matan a los mejores.
Variante: Por su mejoría su casa dejaría.
No puede ser precavida, quien no sabe de la vida.
Quien de paja su casa ha hecho, témale al fuego.
Bien aprende quien buen maestro tiene.
Sacar la brasa con la mano del gato.
Uno madrugó y veinte duros encontró, pero más madrugó el que los perdió.
Ladra de noche para economizar perro.
A la buena casada, solo su marido le agrada.
Va para atrás como el cangrejo.
Vive como un caballero, y moriras como un señor.
Las paredes oyen.