En boca cerrada no entran moscas.
Hacerse el de la oreja mocha.
Al malo, lo mejora el palo.
El zorro que come gallinas cuando ve el gallinero suspira.
Un vecino cercano es mejor que un pariente lejano.
La campana no suena si el badajo no la golpea.
Hasta al mono más listo se le cae el zapote.
Hay ojos que de legañas se enamoran.
Quizás nunca escucharas las cosas que quieres oir de la persona que quisieras que las dijera, pero no seas tan sordo para no oirlas de la persona que te las dice desde su corazon.
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Atalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. Proverbios 3:3-4
Variante: Si la envidia fuese tiña, ¡qué de tiñosos habría!.
Para los aduladores no hay rico necio ni pobre discreto.
Después de tragos y fiestas, mira bien con quien te acuestas.
A últimos de Noviembre, coge tu aceituna siempre.
Madre, casadme, aunque sea con un fraile.
El papel que se rompa él.
La vaca y la mujer, paren a la vez.
Zanahoria y nabo, buenos casados.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Cuando Junio llega, prepara la hoz y limpia la era.
Agrada, quien manda.
Cara de enferma y culo de sana.
Quien hiera la campana se expone a oír el sonido.
Para las salchicas demasiado largas, el remedio es sencillo.
La buena vaina no hace buena la espada.
Quien no pasa por la calle de la Pasa no se casa.
Adiós las flores, yo con el aroma tengo.
Vejez y hermosura nunca se vieron juntas.
Dábale el judío pan al pato, y tentábale el culo de rato en rato.
En el ajedrez, el Rey y el Peón van siempre al mismo cajón.
El encanto de la mujer puede más que el coraje del hombre
Saber poco obliga a mucho.
Ir a amarrar el zorro.
Más discurre un hambriento que cien letrados.
Al que bien sabe podar, la mejor viña le has de dar.
No gastés pólvora en chimancos.
Ni al jugador que jugar, ni al gastador que gastar, ni al avaro que guardar.
La ciencia siempre es decente, y la ignorancia insolente.
Por San Raimundo, viene la golondrina del otro mundo.
El que a los veinte no es valiente, a los treinta no es casado, y a los cuarenta no es rico, es gallo que clavó el pico.
Adentro ratones, que todo lo blanco es harina.
Las obras, con las sobras.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
Hay que andar más tieso que un ajo.
Las pulseras de metal suenan si son dos.
Perro en barbecho ladra sin provecho.
Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre.
El joven conoce las reglas pero el viejo las excepciones.