Invierno claro ni en verano nublado.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
Más mato la gula que la espada.
Amigo traidorcillo, más hiere que un cuchillo.
Aquel que guarda siempre tiene.
Cuesta abajo, hasta la mierda corre.
Sacar del horado la culebra con la mano ajena.
Arca cerrada con llave, lo que encierra no se sabe.
De día y con sol.
Sentarse en las cenizas entre dos banquillos
Ocioso y lagarto, no mueren de infarto.
A quien siembra espeso, dos veces le merma la panera: una cuando coge y otra cuando llena.
Ausentes y muertos, nadie se acuerda de ellos.
Casa que al amanecer no está abierta, es colmena muerta.
Callemos, que el sordo escucha.
Cuando el hombre está de malas, su mujer pare de otro y el hijo se le parece.
Por la muerte del asno nada pierde el lobo.
Dame donde me siente, que yo haré donde me acueste.
Tan bien parece el ladrón ahorcado, como en el altar el santo.
Quien bien hace a su enemigo, a Dios tendrá por amigo.
Donde hubo un gran mal, queda señal.
O bien no emprender nada, o bien asombrar a todo el mundo con cuanto emprende.
La muerte nos iguala a todos.
Sufre callando lo que no puedes remediar hablando.
Amigo que quiere mi capa es ladrón de solapa.
Para quien roba un reino, la gloria; para quien roba un burro, la horca.
Quehacer trabajoso, quita alegría y reposo.
Mujer que al andar culea y al mirar los ojos mece yo no digo que lo sea, pero lo parece.
A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.
Aconseja al ignorante, te tomará por su enemigo.
Siempre hay una avispa para picar el rostro en llanto.
A los enemigos bárreles el camino.
Con el ojo bien abierto, difícil es el desacierto.
Ahorra, ahorrador, que y vendrá el derrochador.
A por ellos, que son pocos y cobardes.
Buena cara dice buen alma.
Codicia mala, el saco rompe.
Mi secreto, en mi pecho.
Quien ríe y canta su mal espanta
Bueno es tener amigos, aunque sea en el infierno.
Casa de tierra, caballo de hierba, amigo de verba, todo es mierda.
Lo malo, a quien lo apetece, bueno y justo le parece.
La envidia acorta la vida.
Allí haz a tu hijo heredero, donde anda la niebla en el mes de enero.
Mear sin peer, rara vez.
Afana, suegro, para que te herede; manto de luto y corazón alegre.
Donde hubo humareda, el rescoldo queda.
Todo se pega, menos la hermosura.
Nadie puede ver ojos bonitos en cara ajena.
El mal del milano, las alas quebradas y el pico sano.