Virgo y mocedad no vuelven nunca cuando se van.
Quien vale mucho hace mucho.
Gran desengaño, gran lección, aunque con daño.
A mala suerte, envidia fuerte.
Amor, opinión y fortuna corren la tuna.
Virtud da la vida y el vicio la quita.
Fía mucho, más no a muchos.
A candil muerto, todo es prieto.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Un suspiro es poco alivio.
Cada uno dice quién es.
Buena madera, buen oficial espera.
Amor loco, yo por vos, y vos por otro.
Todo se pega, menos la hermosura.
Quien no arriesga nada, ni pierde ni gana.
Barba hundida, hermosura cumplida.
Una hierba es una planta cuyas virtudes esperan para ser descubiertas.
Nadie diga: de esta agua no beberé, por turbia que esté.
Viejo soy y viejo serás: cual me veo, así té veras.
A la mal casada, miradla a la cara.
Pan de mi alforja, como el no me falte, todo me sobra.
Cada agujetero alaba sus agujetas.
Buena vida me paso, buena hambre me rasco.
La fortuna es un cristal; brilla pero es frágil.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
Cuando masques, no chasques.
Cada cual debe ocuparse únicamente de aquello que entienda o le competa.
La ciencia siempre es decente, y la ignorancia insolente.
"La virtud en su justo medio", dice el diablo, poniéndose entre los dos magistrados.
Hombre que habla campanudo es poco sesudo.
De tu dinero, no hagas a nadie cajero.
De los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo.
Predica la fe hasta que consigas tenerla, luego predicarás sobre la que tienes
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
Bien ajeno es la hermosura, y, sobre ajeno, poco dura.
Honra sin provecho no duerma bajo mi techo.
Compra la lanza apuntada a tu corazón si no quieres sentir su punta.
Compra de quien heredó, y nunca al que lo sudó.
Mucho decir veremos, pero nunca vemos.
El melón, calado, y el amigo, bien probado.
Con firme voluntad se llega al triunfo.
La ignorancia es la madre de la felicidad.
En los años no importa cuantos, lo importante es cumplirlos.
Hasta el "vivo" más ufano, cae a veces de marrano.
Un momento puede hacernos infelices para siempre
De hombres leales, están llenos los hospitales.
No digas no sin saber por qué no.
Ni la novia sin cejas, ni boda sin quejas.
¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?
Morir sin perecer, es presencia eterna.