La zamarra mala, adentro la lana, y la buena, carnaza afuera.
A fuerza de duros caen los más fuertes muros.
Pasar amargura por ganar hermosura.
Limando una viga se hace una aguja.
Al saber lo llaman suerte.
Todo lo que vivimos es digno de ser vivido.
La mujer y el Diablo siempre tienen que hacer algo.
Es mejor que la ultima peseta la gane otro.
Un copo de nieve nunca cae en el lugar equivocado.
Hacha bien encabada no necesita zapatilla.
Dos capitanes hunden el barco.
Cuando suena el tiro, ya la bala ha salido.
Quien por su seso se guía, hará cualquier tontería.
Desgraciado se vea quien a los suyos desprecia.
Más vale un "por si acaso" que un "¡válgame Dios!".
Todo acaba con la muerte, menos, el hacer bien.
Bebe el vino a discreción y no a boca de cangilón.
La víbora y la mujer tienen la ponzoña en la boca.
Dar santo y bueno, pero del pan del ajeno.
Quien administra hacienda ajena, no se acuesta sin cena.
Vámonos muriendo todos que están enterrando de gorra.
El sastre, corte y cosa, y no se meta en otra cosa.
Quien hace leña en ruin lugar, a cuestas la ha de sacar.
Carrera que no da el caballo, en el cuerpo la tiene.
Con la muerte todo se acaba.
Al hombre de rejo, vino recio.
El que guarda siempre encuentra.
Cuenta tus faltas y deja las ajenas.
Las cosas en caliente pegan.
Hombre que anda con lobos, aprende a aullar.
Todo es según el cristal con que se mira.
Dolor de mujer muerta dura hasta la puerta.
Hija la primera, del padre entera.
Hijos antes de casamiento, traen gran sufrimiento.
Y reza mucho en la novena, pero no es buena.
Quien tras putas anda y su hacienda les da, en el hospital parará.
Ser el último orejón del tarro.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Cuando la olla hirbiendo se desborda, ella misma se calma.
O llueve o apedrea, o nuestra moza se mea.
La buena suerte, durmiendo al hombre le viene.
Amor no correspondido, tiempo perdido.
Uno que a redentor se metió, crucificado murió.
La muerte regalos no prende.
Fruta de huerta ajena, es sobre todas buena.
La mujer siempre es más lista que el hombre que la conquista.
Freídle un huevo, que dos merece.
Coja o tuerta, la que está junto a tu puerta.
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.
Siembra melones y recogerás melones; siembra habas y recogerás habas.