A tu enemigo fallecido, perdón y olvido.
Hay que predicar con el ejemplo.
Hay quien se acuesta con las vacas y se levanta con los toros.
Antes de hablar, si tienes ira, reza un avemaría.
Con pelito... no hay delito.
No hay nada peor que un maricon resentido.
Un día en prisión es como mil otoños fuera.
No des la hacienda antes de morir, que los tuyos te harán sufrir.
El que malas mañas ha, tarde o nunca las perderá.
Quien hace los mandados que coma los bocados.
Si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno, ni es bueno el maestro.
De lo vedado, un solo bocado.
Más ordinario que un sicario en un burro.
En casa del pobre, todos riñen y todos tienen razón.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
El que no corre, vuela.
Mal ajeno es ruin consuelo.
El amor reina sin ley
La burra no era arisca pero la hicieron.
Infierno y gloria, dos nombres en discordia.
Agua de sierra, y sombra de piedra.
Tres simples zapateros hacen un sabio Zhuge Liang.
Año malo para el molinero, bueno para el burro.
Por San Simon y Judas, saben más ricas las uvas.
Bien está lo que bien acaba.
Madre y teja, no pierde por vieja.
Quien está presente sigue viviendo; quien se ausenta lo tienen por muerto.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Caerle como pedrada en ojo tuerto.
Una cosa es la que piensa el amo y otra la que piensa el caballo.
No hay secreto si tres lo saben.
Quien rompe una tela de araña a ella y a él de daña.
El juego y la muerte, en no distinguir categorías se parecen.
Pasa la tormenta y desaparece el malvado, pero el justo permanece firme para siempre.
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
Reyes y gatos son bastante ingratos.
Del viejo el consejo.
Yemas de Abril, pocas al barril.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
Oro y jade por fuera y algodón podrido por dentro.
Reniego de casa que a zapato nuevo dicen buena prohaga.
Del precipitar nace el arrepentir.
Ante la duda, la más madura.
La mujer compuesta grita al marido de otra puerta.
Quien por todo se apura, su muerte apresura.
El terco que se empecina, al fin descubre la mina.
En casa de Amanda, ella es la que manda.
El fatuo y el ignorante, se denuncian al instante.
Quien frena la lengua conserva a sus amigos.
Lo mismo es hablarle a un muerto, que predicar a un desierto.