No enciendas un fuego que eres incapaz de apagar.
El día de San Ciruelo, pagaré lo que debo.
Me picó una araña y me até una sábana.
A los viejos les espera la muerte a la puerta de su casa; a los jóvenes les espera al acecho.
De la vista nace el amor.
Morrocoy no sube palo ni que le pongan horqueta.
De un tigre solo se dibuja la piel, y no los huesos; de una persona solo se le conoce la cara, y no el corazón.
Por numerosos que puedan ser los meandros del río, acabará por ir a parar al mar.
Amor de gato se ve por el tejado.
Obra bien terminada, a su autor alaba.
Habla siempre que debas y calla siempre que puedas.
¿Qué parió la burra?. Lo que la echó el asno.
Dichosos los ojos que te ven.
La abeja de todas las flores se aprovecha.
Febrerillo el loco, que sacó a su padre al sol, y lo aporreó.
En puerta y en puente nadie se siente.
Ni quiero ni rechazo nada de modo absoluto, sino que consulto siempre las circunstancias.
Cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta.
La que pone y es cretona, ya dejó de ser pollona.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Con un pozo y un malvar, boticario de un lugar.
Mejore morir de estómago lleno que vivir con el vacío.
También los secretarios echan borrones.
Cuando el jefe manda bien, huelgan las preguntas.
Jugar vive pared en medio del hurtar.
Vale más un fiero león delante de uno que un perro traidor detrás.
La razón no quiere fuerza.
El demonio y las mujeres siempre se entretienen.
Septiembre muy mojado, mucho mosto pero aguado.
Zapato os daré que tengáis que romper.