Le dijo el grajo al cuervo: quítate allá, que tiznas.
Madeja enredada: quien te madejó, ¿por qué no te devanó?.
Quien lleva fuego en su corazón, acaba por ahumar su cerebro.
La práctica hace al maestro.
Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento.
La mujer es fuego; el hombre, estopa; viene el diablo y sopla.
A quien le pique el alicante, que llamen al cura que le cante.
Jugar con el tabernero es perder tiempo y dinero.
Beber en Jerez cerveza, no cabe mayor simpleza.
Ambicioso subido, pronto caído.
Ea, que hago barato: ¡lo que vale tres, lo doy por cuatro!.
Quehacer trabajoso, quita alegría y reposo.
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
Rey sin consejo, pierde lo suyo y no gana lo ajeno.
El que se quemo con leche hasta las cuajadas sopla.
Jugar vive pared en medio del hurtar.
Cuantos más seamos, más reiremos.
Febrerillo el loco, que sacó a su padre al sol, y lo aporreó.
Ladran, pues cabalgo.
A mejor cazador se le va la paloma.
Libro prestado, libro perdido.
Estornudos y frailes, salen a pares.
A mal dar, apretar el culo contra el sitial.
El idiota grita, el inteligente opina y el sabio calla.
Las penas, o acaban, o se acaban.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
Alazán tostado, antes muerto que cansado.
Dar con la puerta en la cara.
Quien ha probado un buen pez, quiere comerlo otra vez.
Quién guisa antes del Shabbat, comerá en shabbat.
Para prosperar, madrugar.
De escarola y agua bendita, cada uno toma lo que necesita.
Campo florido, campo perdido.
Tratar (uno) a los demás tal como lo tratan.
Si quieres verte obedecer, manda poco y bien.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
Agua en cesto se acaba presto.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
Cada uno canta como quiere.
¿Qué puede el humo hacerle al hierro?
Moza que se asoma a la ventana a cada rato, quiere vender barato.
El mucho vino, no guarda secreto ni cumple palabra.
Quien en Agosto ara, riqueza prepara.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
A la mula vieja, alivialé la reja.
A amo ruin, mozo malsín.
El yerro encelado, medio perdonado.
En verano, no hay cocinero malo.
El más avisado cae.
El que mucho abarca, poco acaba.