Ese huevito quiere sal
Con rabia el perro, muerde a su dueño.
Callen barbas y hablen cartas.
Reniego de grillos, aunque sean de oro fino.
Cielo a corderos, agua a calderos.
Al pez, una vez.
Favores recordados, ¡ya están saldados!.
Chimenea acabada, a los tres días ahumada.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
A muy porfiado pedir, no hay que resistir.
Quémese la casa sin que se vea el humo.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
Ocasión desaprovechada, necedad probada.
Borrachez, de agua; que la de vino es cara y sale a la cara.
La casa quemada, acudir con el agua.
Pan a hartura y vino a mesura.
Calentar el horno para que cueza otro, es de hombre bobo.
Se cree el bizco rey entre los ciegos.
Quien lee y escribe no pide pan.
Para bien hablar, antes bien pensar.
Juez cabañero, derecho como sendero.
Abájanse los estrados y álzanse los establos.
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
Del sabio es errar, y del necio perseverar.
Racimo corto, vendimia larga.
Los estudiantes de Zen, deben aprender a perder el tiempo conscientemente.
Pedir al hombre veras es pedir al olmo peras.
Quien a otro ha de matar, antes ha de madrugar.
Merecer y no alcanzar, es para desesperar.
Récele a la Virgen, pero siga remando.
Yerros por amores, merecen mil perdones.
Injurias olvidadas, injurias remediadas,.
¿Quién te enseñó a remendar?. Hijos menudos y poco pan.
El río, por donde suena se vadea.
Dar la callada por respuesta.
Estás trabajando para el inglés.
Ocio, ni para descansar.
Si la casa se quema, calentémonos en ella.
Ni "arre" que corras ni "so" que te pares.
Tener el juego trancado.
Ocasión que se pasó, pájaro que voló.
Nota: también atribuida a Arthur Rubinstein
Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.
Se te cayó e cassette
Quien habla, siembra; quien oye y calla, recoge y siembra.
Queriendo hacerlo mejor, a veces estropeamos lo que está bien hecho.
Lo que se aprende en la cuna siempre dura.
No eches toda la carne al asador.
Caballo corredor, pronto se cansa.
Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.