A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
Al mal cocinero le estorban hasta las cucharas.
En Constantina cuando no llueve, llovizna.
Al desagradecido, desprecio y olvido.
El hambre viene sola, pero no se va sola.
Para que quiere cama el que no duerme.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
Abad halagüeño, tened el cuello quedo.
Quien escurre el bulto, se evita el insulto.
La alegría es el remedio universal de todo mal
Las flores y la ocasión, son de poca duración.
Abad y ballestero, mal para los moros.
Carne y pescado en una comida, acortan la vida.
Cada gorrión tiene su corazón.
Ojos que bien se quieren, desde lejos se saludan.
En hombre nuevo no hay trampa vieja.
El que mucho fía, se queda con la bolsa vacía.
Amistad entre desiguales, poco dura y menos vale.
El que me hace más bien de lo que suele, o engañado me ha o engañarme quiere.
El hambre arroja al lobo al bosque.
La miseria pronto alcanza, a quien despacito avanza.
Las campanas se conocen por el son y las mujeres por la voz.
La zorra va por el mijo y no come; más dale con el rabo y sacude el grano.
Lo que escatimes a tu mujer, no lo gastes en beber.
Al roble no le dobles.
El que mal se maneja, despacio padece.
Más quiero asno que me lleve que caballo que me tire.
Lo fiado es pariente de lo dado.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
Una sola araña cien moscas apaña.
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
A la vaca que no se cubre, se le seca la ubre.
El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Cada cual siente sus duelos y pocos los ajenos.
Casa de Dios, casa de tos.
Componte para el marido y no para el amigo.
Haceos miel y comeos han las moscas.
Come bien, bebe mejor, mea claro, pee fuerte y cágate en la muerte.
Reniego de la viña que torna a ser majuelo.
Guay del malo y de su día malo.
El perfume de los cipreses sigue la respiración del viento. Las palabras de amor de la amada guían el curso de la vida de un hombre
Presto rico, presto pobre.
El mayor de los pesares es arar con borrico los olivares.
Fruto del árbol ajeno, sale de balde y sabe bueno.
Ya ni en la paz de los sepulcros creo.
Oficio vano y con pena, al que le sigue condena.
Quien anda deprisa es el que tropieza.
Con "quizás" nunca hagas cuenta.
Hijas, el que pleitea no logra canas ni quijadas sanas.