¡Cuándo, más cuándo, llevará cerezas el cardo!.
Ládreme el perro y no me muerda.
Piensa con menos emociones y vivirás largos días.
Favores harás, y te arrepentirás.
El no vigilar a los operarios es como dejarles nuestra bolsa abierta.
Un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama.
Llevad vos, marido, la artesa, que yo llevaré el cedazo que pesa como el diablo.
En el modo de partir el pan se conoce al que es tragón.
Cosa fea, ni se haga ni se aprenda.
Por San Urbano, el trigo ha hecho grano.
Incluso sin poder gatear quieres correr.
La madera de tu casa, en enero sea cortada.
Como la noche al día, el pesar a la alegría.
Esa negrita chiflada, no paga desbraguetada.
A quien en alabar lo bueno se queda corto, mírale el rostro.
La mosca es pequeña, pero es bastante grande para hacer uno enfermo.
Cuando llueve y hace sol, sonríe Nuestro Señor.
Si quieres buscar jornaleros, búscalos entre San Juan y San Pedro.
La leña torcida da fuego recto.
Algo es algo, dijo, al ver un hueso el galgo.
El gallo desde que es chico, busca el grano con el pico.
Malo va al que arrastran, aunque vaya en serón nuevo.
Cada cual es hijo de sus obras.
Da el sartenazo al que tiene la sartén por el mango.
No se puede servir a dos señores a un mismo tiempo.
Lo de balde es caro.
Para ser dichoso, vida de clérigo, enfermedad de casado y muerte de religioso.
El que de muchacho no trota, de viejo tiene que galopar.
La hija de la puta, como es criada, y la estopa, como es hilada.
Niños Los de pequeños, que no hay castigo después para ellos.
Hacer una tempestad en un vaso de agua.
Más hace una hormiga andando que un buey echado.
El peor de los males es tratar con animales.
Veinte años puta y uno soltera, tan buena soy como cualquiera.
Quien más sabe, mayores dudas tiene.
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
Si ayer eras Don Nadie y hoy Don Alguien eres, ¿qué más quieres?
La felicidad es como un león insaciable
Cague la espina quien se comió la sardina.
Todos nacemos con igual condición, solo por la virtud nos diferenciamos.
Juan de Aracema que no tenía palabra mala, ni obra buena.
Hay tontos que al pronto no dan la cara de tonto.
Nadie le dio la vara; él se hizo alcalde, y manda.
Quien administra tus bienes, por suyos los tiene.
Ningún burro tropieza dos veces en la misma piedra.
El agua hace sudar; el vino, cantar.
No era nada la meada, y calaba siete colchones y una frazada.
Nunca faltara un tiesto para una buena mierda.
Al que le falta ventura, la vida le sobra.
El rosario en el cuello, y el diablo en el cuerpo.