Pato, ganso y ansarón, tres cosas son, y una son: cochino, puerco y lechón.
Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Confucio, 551-479 a. C.)
Chapucea el chapucero, mala obra por buen dinero.
No hay feria mala, lo que uno pierde otro lo gana.
Da asistencia y cariño donde se necesite.
Cabras y cabritos, a todos nos traen fritos.
Si no canta el gallo, cantará la gallina.
El amor enseña a los asnos a bailar
El amor es ciego, pero el casamiento encuentra la cura.
"La virtud en su justo medio", dice el diablo, poniéndose entre los dos magistrados.
Amores, dolores y dineros, no pueden estar secretos.
La mala moza, a porrazos hace las cosas.
Quien trabaja por sí mismo trabaja por tres
El amor es el oficio de la mujer y la amistad el oficio del hombre
Dos hambrientos a un pan, mal trato le dan.
Carne a carne, amor se hace.
El que duerme con niños amanece mojado.
Cada uno tiene su alguacil.
Con los años que me sobran y los dientes que me faltan no me cambio con usted.
Coces de yegua, amor es para el rocín.
Ser felices quiere decir ver el mundo tal y como se desea
La pobreza no es un delito, pero es mejor no mostrarlo.
Casa propia es un tesoro que no es pagado con oro.
Dos fuentes, dos ríos.
El bueno, lo malo calla; el malo, todo lo habla.
Por San Andrés, corderillos tres.
Pasar por alto el gran saco de los defectos propios y censurar el saquito de los defectos de otro.
No todo es miel sobre hojuelas.
Si quieres conocer a Andrés, vive con él un mes.
Por la muerte de hijo no se descompone la casa.
Aire cierzo, cuando llueve, ¡llueve de cierto!.
No se cazan liebres tocando almireces.
Más vale hacer frente al peligro una vez que vivir siempre con temor.
Quien habla, siembra; quien oye y calla, recoge y siembra.
La mujer celosa cree en todo aquello que la pasión le sugiere
Estima y ocasión, son buenas para el corazón.
El tropezón enseña a sacar el pie.
Cuando tu ibas ayer, yo venía ya de moler.
Una abeja no hace colmena.
El que la hace riendo, la paga llorando.
Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
Ajo que salta del mortero, ya no lo quiero.
Por San Raimundo, viene la golondrina del otro mundo.
Fía poco, del que tiene horror al mosto.
Zangamanga mal fraguada, solo a los bobos engaña.
Los grandes hombres no son grandes a todas horas ni en todas las cosas.
Las necedades del rico pasan por sentencias en el mundo.
Rey sin consejo, pierde lo suyo y no gana lo ajeno.
Cada uno va a su avío, y yo, al mío.
Quien no quiere escuchar ruidos, que se tape los oídos.