Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
Casa propia es un tesoro que no es pagado con oro.
Dos fuentes, dos ríos.
El tropezón enseña a sacar el pie.
Más vale hacer frente al peligro una vez que vivir siempre con temor.
No todo es miel sobre hojuelas.
Cuando tu ibas ayer, yo venía ya de moler.
Si quieres conocer a Andrés, vive con él un mes.
Quien habla, siembra; quien oye y calla, recoge y siembra.
El que la hace riendo, la paga llorando.
Pasar por alto el gran saco de los defectos propios y censurar el saquito de los defectos de otro.
La mujer celosa cree en todo aquello que la pasión le sugiere
Estima y ocasión, son buenas para el corazón.
Fía poco, del que tiene horror al mosto.
Una abeja no hace colmena.
Ajo que salta del mortero, ya no lo quiero.
Quien no quiere escuchar ruidos, que se tape los oídos.
Cabeza que no habla, dígale calabaza.
Los grandes hombres no son grandes a todas horas ni en todas las cosas.
Por San Raimundo, viene la golondrina del otro mundo.
Zangamanga mal fraguada, solo a los bobos engaña.
Las necedades del rico pasan por sentencias en el mundo.
La mujer es como la huella: Siempre parece mejor la de al lado.
No hay sábado sin sol, ni mocita sin amor, ni viejo sin dolor.
Cuando las puertas de la ciudad se incendian los peces en el foso sufren.
Rey sin consejo, pierde lo suyo y no gana lo ajeno.
El que tenga hijo varón, no llame a otro ladrón.
Hasta la raíz más pequeña encuentra su leñador.
Por miedo de pajarillos, no dejes de sembrar mijo.
En Febrero busca la sombra el perro.
Cada uno va a su avío, y yo, al mío.
Quien mierda echa en la colada, mierda saca.
Hay tres cosas que no se olvidan: el primer amor, el primer dinero ganadado y el pueblo dondo uno nació.
La fuerza no es un remedio
Comida de aldeanos, sin manteles, pero mucho y sano.
La verdadera amistad es inmortal.
Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
Tienes que tener cuidado con lo que pides porque te lo pueden dar.
El que avisa no es traidor.
Por fiarse del perro, duerme el lobo en el pajar.
Galgo que muchas liebres levanta, ninguna mata.
El que llora su mal, no lo remedia
Lo heredado y lo ganado al juego, se tiene en poco aprecio.
El amor deja ver las rosas y no las espinas
A cada paje, su ropaje.
Mala señal de amor, huir y volver la cara.
Venga la alabanza que recibes de otra boca y nunca de la tuya
No penetres demasiado hondo en el corazón de un amigo, no fuese caso que encontrases en él el egoísmo.
Al que te quiera mal, cómele el pan, y al que te quiera bien, también.