Nunca un peligro sin otro se vence.
Ciertas son las trazas, después de las desgracias.
Por unas saludes, no te desnudes.
El que guarda, halla.
Si te queda el saco.
Si da el cántaro en la piedra, o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro.
Al mal pagador, plazo corto es lo mejor.
No digas en secreto lo que no quieras oír en público manifiesto.
Quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda.
Hay que saber tantas cosas como el ano de la gallina.
Razón no requiere fuerza, ni fuerza requiere razón.
Las visitas son como los pescados, que a los tres días ya huelen.
Tienen los que pobres son la desgracia del cabrito: o morir llegar a ser cabrón.
El dar es honor; el pedir, dolor.
Al rey muerto rey puesto.
Guarda bien: pero no tanto que no halles lo guardado.
A fin de año, remienda tu paño.
El que menos sabe suele ser el que más presume.
Obrar mucho, y hablar poco; que lo demás es de loco.
La vista de un amigo, refresca como el rocío de la mañana.
Salud, dinero y buen vino, e irme a la gloria de camino.
El nosotros anula el yo.
Grano a grano, con cautela. llena el buche la polluela.
No comer por no cagar es doble ahorrar.
El mismo martillo que rompe el cristal forja el acero.
Muchas hormigas matan un camello.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
No puedes enderezar el mundo con tu hombro.
Buen corazón quebranta mala ventura.
A fuerza de constancia y fina intriga, un elefante desfloró a una hormiga.
El amor enseña incluso a un cura a bailar
El hombre no ha de ser de dichos, sino de hechos.
El que teme padecer padece ya lo que teme.
Cortesías engendran cortesías.
Ganar, poco vale sin guardar.
Viejo soy y viejo serás: cual me veo, así té veras.
El que sacrifica su conciencia a la ambición quema una pintura para obtener las cenizas.
Los grandes talentos son calmados en la prosperidad y callados en la adversidad.
Dios te guarde de hombre que no habla y de can que no calla.
Al fuego porque se apaga, al fraile porque se inflama.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
Quien briega y se esmera, al fin se supera.
El hombre es para el hombre un espejo.
La religión cala siempre en los estratos pobres
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
Con palabras agradables y un poco de amabilidad se puede arrastrar a un elefante de un cabello.
A creer se va a la iglesia.
El siguiente vicio es la mentira, si el primero son las deudas.
El que en buen árbol se aloja, dos veces se moja.
Quien roba poco es ratero; y quien mucho, financiero.