Quien menos procura, alcanza más bien.
Después de toda oscuridad hay luz.
El que se fue a Tocopilla perdío su silla
Hados y lados tienen dichosos o desdichados.
Un hombre enamorado ha nacido por segunda vez
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
Gozar al pedir, al pagar sufrir.
Amistad quebrada, siempre mal lanada.
Menos idea que Geral pasando música.
No te fíes de quien de ti desconfíe.
A gran culpa, suave comprensión.
Quien al cielo escupe, en su cara repercute.
La espina saldrá por donde entró.
El que pasa por romero y no lo coge, si le viene algún mal que no se enoje.
Nunca te cierres la puerta, que el mundo da muchas vueltas.
Honra y dinero no caminan por el mismo sendero.
Acaso nuevo, consejero nuevo.
Ni por casa ni por viña, cases con mujer mezquina.
Ni buen fraile por amigo, ni malo por enemigo.
No hay moneda que no pase, ni puta que no se case.
Una cabra no puede llevar la cola de otra cabra.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
La montaña es pesada, pero una mariposa levanta a un gato en el aire.
El que camina en terreno plano, jamas tropieza.
El que amenaza, pierda la ocasión de la venganza.
Tiene más carne un zancudo en la punta del ala.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
Al miserable y al pobre, la pena doble.
Picar y afilar, afilar y picar, y el prado sin segar. Solo me gustaría entender que tu dios me amas
Predicar en desierto es como aconsejar a un muerto.
Sabe más el tonto en su casa que el listo en la ajena.
La vida es grata, a quien bien la acata.
No puedes impedir que las aves de la tristeza vuelen hacia ti, pero puedes impedir que aniden en tus cabellos.
Más es fuerte el amor y más se siente dolor
El mejor sol es el que calienta hoy
Es más fácil cazar moscas con miel que con vinagre.
Buen trago, que el difunto no vuelve.
Más vale muerte callada que desventura publicada.
Quien por mucho deja lo poco, suele perder lo uno y lo otro.
Quien bien siembra, bien coge.
Más doblado que carpa de camión.
Nunca vivas pobre para morir rico.
Cuando se emborracha un pobre, ¡que borrachón!; pero si se emborracha un rico, ¡qué graciosón!.
Morir sin perecer, es presencia eterna.
Con los descuidados, medran los abogados.
Lo que comienza siendo una pequeña diferencia termina en una desigualdad descomunal.
Bendito aquel que, no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarnoslo con sus palabras.
Nadie diga: de esta agua no beberé, por turbia que esté.
Bien urde quien bien trama.
No hay mal dicho si no malas interpretaciones.