No hay mal que por bien no venga.
No hay nacimiento pobre ni muerte rica.
Buey viejo, lleva el surco derecho.
Si la vida te da la espalda, puntéatela.
Limando se consigue de una piedra una aguja
¿Qué ve el ciego aunque se le ponga una lámpara en la mano?
La mujer debe estar en casa al atardecer.
El hombre sabio instruye sin utilizar las palabras.
En apagando el candil, guapas y feas van por el mismo carril.
Alegría y pobreza y no pesares y riqueza.
Mira hacia el sol, pero no des la espalda a la tormenta.
El hombre en la plaza, la mujer en la casa.
El casado por amor vive vida con dolor.
Al hijo de la hija, métele en la vedija; al de la nuera, dale pan y échale fuera.
Bienes y males, a la cara salen.
Las palabras amables no rompen huesos, pero las palabras perversas rompen muchos.
Calvo vendrá que calvo me hará.
Amigos y mulas fallecen en las duras.
Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí. (Confucio, 551-479 a. C.)
De padres asientos, hijos taburetes.
A casa de tu tía, entrada por salida.
Haz buena harina y no toques bocina.
Arreboles al ocaso, a la mañana el cielo raso.
El que ríe mucho, es tenido por insensato, y el que no ríe es de casta de gato.
La muerte todo lo ataja.
Si el bueno sufre y el malo prospera, se siente el deseo de hacer mal las cosas.
¡Quien sabe cuántos enemigos tienes en torno a la mesa!.
De los muertos no se hable sino bien.
En el amor y la guerra, todo hueco es trinchera.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Abril, lluvias mil.
Para que quiere cama el que no duerme.
Barbas mayores quitan menores.
En casa de la mujer rica, ella manda y ella grita.
Para que no pierda el paso la burra, de cuando en cuando una zurra.
Quien ríe el viernes, llora el domingo.
Si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos.
Tener miedo es de prudentes; saberlo vencer, es de Valiente.
Lo que no acaece en un año, acaece en un rato.
Las palabras son como las hojas, cuando más abundan poco frutos hay entre ellas.
Hablar a tontas y a locas.
Los que beben mucho no le encuentran el gusto
Más vale el humo de mi casa que el fuego de la ajena.
Una deuda, veinte engendra.
El amor enseña incluso a un cura a bailar
Tiempo que se va, no vuelve más.
Hortelano tonto, patata gorda.
Súfrase y no se reprenda lo que excusar no se pueda.
Del dicho al hecho hay largo trecho.
El más cruel fastidio, no vale un suicidio.