Nunca patees el pesebre que te vio nacer.
La verdad es de un solo color
Por los Santos, siembra trigo y siembra cardo.
Alábate pollo, que mañana te guisan Alábate, asno, que te crece el rabo.
Acostumbrado a su cueva el armadillo no se aleja.
Hacer una tempestad en un vaso de agua.
El que no habla, no yerre.
El cielo me ha designado para gobernar a todas las naciones, porque hasta ahora no ha habido orden sobre las estepas
Si nos hacemos polvo, nos harán lodo.
Agua, agua, que se quema la fragua.
A olla que hierve ninguna mosca se atreve.
Lo de esta vida es prestado, que en un instante lo hemos de dejar como otros lo han dejado.
Ni con toda hambre al arca, ni con toda sed al cántaro.
Siempre dan las nueces al que menos las merece.
Al alcornoque no hay palo que le toque, sino la encina, que le quiebra la costilla.
Canta la rana, y ni tiene pluma, ni pelo, ni lana.
Juegan los burros y pagan los arrieros.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
Soñaba el ciego que veía y soñaba lo que quería.
La mujer puede atravesar la roca si se lo propone.
Más vale mala suerte que muerte: la muerte no tiene remedio; la mala suerte la cambia el tiempo.
Hambre y frío entregan al hombre a su enemigo.
Dios acude siempre a la mayor necesidad.
El agua cuesta arriba dura poco, y menos el amor de niño y loco.
Las indirectas del padre Cobos.
Ni hermosa que mate, ni fea que espante.
Las palabras son femeninas, y los hechos son machos.
Cada vez que el murmurador charla, echa abajo una acera de casas.
Una rata dentro de una tinaja.
Caballo que tiene que ir a la guerra, no muere en el vientre de la yegua.
El que a solas se ríe de sus picardías se acuerda.
La belleza lleva su dote en el bolsillo
Alas tenga yo para volar, que no me faltará palomar.
La lluvia por San Lorenzo estropea los higos.
Pascua pasada, el martes a casa.
Renuncia solo cuando estés bajo tierra
Muchos van por Lana y vuelven trasquilados.
Los pies van donde va el corazón
Frente al amor y la muerte no sirve de nada ser fuerte
En apagando el candil, guapas y feas van por el mismo carril.
Las palabras vuelan, los escritos se conservan.
Para el bien, de peña; para el mal, de cera.
Cargado de hierro y cargado de miedo.
El que duerme con niños amanece mojado.
Voz del pueblo, voz del cielo.
Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
Todo tiene un fin.
Quien se viste de mal paño, dos veces se viste al año.
La flor de loto asoma inmaculada del fango.
Castañas, noces e viño, fan a ledicia de san Martiño.