El tiempo descubridor de todas las cosas.
El corazón no habla, pero adivina.
Quien muerte ajena desea, la suya se le acerca.
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
El comer y el rascar no quieren más que empezar.
Para que no se espante el borrico por delante.
Casar y descasar, muy despacio se ha de pensar.
Cuando nace hija, lloran las paredes de la casa.
Quien destaja no baraja.
El agua para el pollino, para el hombre el vino.
El trabajo bien hecho da alegría en el pecho.
La vejez es deseada, pero cuando llega, odiada.
Agua es calentada, más presto es resfriada.
Joya en una fea, la adorna pero no la hermosea.
Un buen consejo a tiempo no tiene precio.
Si quieres de tu amigo probar su voluntad, finge necesidad.
Nadie perdona que le hagan un favor.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Entre casados y hermanos no hay que meter las manos.
Quien tiene el estómago lleno, dice: ayunemos.
A la madrastra, el nombre le basta.
La ciencia no es para el borrego, ni las velas son para ciego.
Bailar sin son, o es gran fuerza o es gran afición.
El matrimonio está como un cacahuete, hay que romper la cáscara para ver lo que hay dentro.
Ir de trapillo.
Manos limpias y uñas cortas, no amasaron, malas tortas.
El mal llama al mal.
Llámame tío, pero no cuentes con nada mío.
El que de muchacho no trota, de viejo tiene que galopar.
No hay dicha, sino diligencia.
El hijo de erizo con púas nace.
Una uva a ratitos, abre el apetito.
Escarba la graja, mal para su casa.
A falta de faisán, buenos son rábanos con pan.
Pájaro durmiente, tarde hincha el vientre.
No te salgas por la tangente.
Para presumir hay que sufrir.
El que escupe para arriba, le cae la saliva en la cara
Els lladres grans enforquen als petits.
¿Qué ve el ciego aunque se le ponga una lámpara en la mano?
Dios da nueces a quien no sabe cascarlas.
A los quince, los que quise; a los veinte, con el que diga la gente; a los treinta, el primero que se presenta.
Del mal paño nunca hay buen sayo.
Administradorcillos, comer en plata y morir en grillos.
El caballo y la mujer, al ojo se han de tener.
Al pez, una vez.
Mientras uno calla, aprende de los que hablan.
Toda flor quiere ser fruto.
A buen bocado, buen grito.
Hermosura sin talento, gallardía de jumento.