Indio que va a la ciudad, vuelve criollo a la heredad.
Cuando los números hablan se acaban las discusiones.
La crítica debería de ser como la piedra de afilar, que aguza sin cortar.
De desagradecidos está el infierno henchido.
El que tiene higuera en camino real, si quiere comer higos, tiene que madrugar.
La verdad adorna la boca de quien la dice.
Al herrero con barbas y a las letras con babas.
Hacer enseña a hacer.
El hombre pone y la mujer dispone.
Tesoro y pecado nunca están bien enterrados.
A ése le gustaría volar, pero le faltan las plumas.
La mujer en soledad piensa solo en la maldad.
No maldigas la oscuridad, enciende la vela.
La necesidad hace a la vieja trotar.
Éste cree que vengo de arriar pijijes.
En el ajedrez, el Rey y el Peón van siempre al mismo cajón.
Hacia ti acusas cuando murmuras.
Mulas y amigos faltan en los peligro.
Las firmes amistades se hacen en las mocedades.
No hay bonita sin "pero", ni fea sin gracia.
Ver es creer, pero sentir es estar seguro. Y cuando debemos sentir, pensamos.
En cabeza loca, ni se tiene, ni dura, ni para cosa.
La larga visita la alegría quita.
En amores, los que huyen son vencedores.
Regalos, regalos, ¡a cuántos buenos hicisteis malos!.
Gran rico hacen los dineros, y gran señor su desprecio.
Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna.
Siembra perejil en Mayo y lo tendrás todo el año.
A capa vieja no dan oreja.
A otra puerta, que ésta no se abre.
El que estudia diez años en la oscuridad será universalmente conocido como quiera.
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
Después de la victoria, aprieta el casco.
En casa del herrero, nunca falta un palo.
A ruin, ruin y medio.
La mujer y las tortillas, calientes han de ser.
Dies ila, dies ila, si eres bobo espabila.
Porrazo no es desconsuelo, sino quedarse en el suelo.
A las andadas volví, pronto me arrepentí.
Cabellos y cantar, no es buen ajuar.
De la mar el mero y de la tierra el carnero.
A quien anda sin dinero, lo ponen de candelero.
Acá o allá mira siempre con quien vas.
Las pulseras de metal suenan si son dos.
El rosario en el cuello, y el diablo en el cuerpo.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
Con el tiempo y la payeta, maduran los nísperous.
Llegar y besar el santo.
Aborrecer tras haber querido, mil veces ha sucedido y mil más sucederá.
Si eres clemente, serás feliz siempre.