Aunque tengas mucha suerte, nunca juegues con la muerte.
¿Quién con una luz se pierde?
Reniego de plática que acaban en daca.
Si mucho las pintas y regalas, de buenas hijas, harás malas.
No hay tu tía.
El árbol con demasiadas hojas no da siempre frutos sabrosos.
El que madruga, encuentra todo cerrado.
Triste de la casa donde la gallina canta y el gallo calla.
Si la montaña no va Mahoma, Mahoma va a la montaña.
Dios da frío según la ropa.
Si no sabes sonreír, no pongas tienda. (Confucio).
El vino y la verdad, sin aguar.
A bien se llega quien bien se aconseja.
Hay tres cosas que nunca podran recuperarse: la flecha lanzada, la palabra dicha y la oportunidad perdida.
Cuando llueve y graniza hace la vieja longaniza.
Ande o no ande, caballo grande.
En la oscuridad todas las mujeres son bellas
Jamás digas: nunca jamás.
Mas pesado que un biberón de mondongo.
Para los hombres de mar, antes que letras nadar.
Llevando cada camino un grano, abastece la hormiga su granero para todo el año.
En cada tiempo, su tiento.
Échate a enfermar y verás quién te quiere bien o quién te quiere mal.
Borrón y cuenta nueva, la cuenta pasada aprueba.
Ruin señor, cría ruin servidor.
Después de la risa viene el llanto.
En la cancha se ven los gallos.
El que no habla, no yerre.
Agua enferma, ni embeoda ni endeuda.
La liebre a la carrera y la mujer a la espera.
Cólera de amantes resurgir del amor
Te gires como te gires, tu culo sigue atrás.
Hay dos cosas, oh discípulo, que conviene evitar: Una vida de placeres; eso es bajo y vano. Una vida de mortificaciones; eso es inútil y vano.
Siembra quien habla y recoge quien calla.
Quién come para vivir, se alimenta; quién vive para comer revienta.
Cuando se trate de damas, no te vayas por las ramas.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
En Agosto trilla el perezoso.
Se sabe donde se nace, pero no dónde se muere.
No cambio tu cacareo por tus huevos.
Comiendo pan y morcilla, nadie tiene pesadilla.
Fruta que pronto madura, poco dura.
Labrar en barbecho, es labrar necio.
Perro flaco soñando con longaniza.
A cada lechón le llega su noche buena.
Ten tu mano pronta para echarla al sombrero, y tardía para meterla en el bolsillo.
No coloques el puchero en el fuego si el ciervo aún corre en el bosque
El agua fluye abajo, y el hombre va arriba.
El que mal se maneja, despacio padece.