Maldición de puta vieja no va al cielo.
Ahora adulador, mañana traidor.
Vino en jarro quiero; que no me sindiquen lo que bebo.
Si mi abuela hubiera tenido barbas, hubiera sido mi abuelo.
Mujer y sardiña, ni la mayor ni la más pequeniña.
Cuando el doliente va a las boticas, una persona pobre y dos ricas.
El muerto al pozo y la viuda al gozo.
Los grandes hombres no son grandes a todas horas ni en todas las cosas.
El que duerme con niños amanece mojado.
Las felicidades que gustan no duran demasiado
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
Vamos arando dijo la mosca sentada arriba de los cachos del buey.
Zurra y más zurra, hasta que la vara se quiebre o caiga la burra¡.
Buenas acciones valen más que buenas razones.
No te fíes de la muchacha de la taberna ni del cielo estrellado de Diciembre.
Hoy robas un huevo, mañana robas un buey.
Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.
Más fuerte era Sansón y le venció el amor.
Súfrase y no se reprenda lo que excusar no se pueda.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
Disparar otra flecha para encontrar la anterior
Perro viejo no ladra en vano.
El que vale para trasnochar no vale para madrugar.
Mala señal es para la moza cuando la llaman señora.
Es más corto que las mangas de un chaleco.
En este mundo jodido el hijo regaña al padre y la mujer al marido.
A la aguja, buen hilo, y a la mujer, buen marido.
Poca hiel corrompe mucha miel.
El corazón tiene sus razones, que la razón desconoce.
Muchos nacimientos significan muchos entierros.
Al mal circo le crecen los enanos.
Cada cual hasta la muerte, tiene que afrontar su suerte.
Cuando el guardián juega a los naipes, ¿qué harán los frailes?.
¿Queres dormir al sueño?
Como es el padre, así es el hijo.
Los niños, ni ocultan mentiras, ni callan verdades.
O llueve o apedrea, o nuestra moza se mea.
Suegras, nueras y cuñadas, son asas de caldera mal arregladas.
En cada pago, su viña, y en cada barrio, su tía.
El agua va siempre al río.
Recuerda que vives en la sombra de tu vecino.
Para el amor y la muerte no hay casa ni cosa fuerte.
A los buenos, Dios se los lleva; y a los malos aquí se quedan.
Tú que coges el berro, guárdate del anapelo.
Al erizo, Dios le hizo.
Amor y sabiduría no habitan en el mismo castillo.
Ahí está la madre del cordero.
No temas a truenos ni a ratones, ni brujas ni supersticiones.
Por Santa Catalina mata la cochina, por San Andrés, mata tu res; y si no tienes qué matar, mata a tu mujer.