La comida reposada, y la cena paseada.
La enfermedad y los desastres van y vienen como la lluvia, pero la salud es como el sol que ilumina el pueblo entero.
Por lo que uno tira, otro suspira.
En tu casa no tienes sardina y en la ajena pides gallina.
No comas ansias.
Fortuna y ocasion, favorecen al osado corazón.
El que asno se fue a Roma, asno se torna.
El camino malo, se pasa rápido.
Guarda y ten, y te vendrán a ver.
A un traidor, dos alevosos.
El que fue monaguillo y después abad, sabe lo que hacen los mozos tras el altar.
La verdadera amistad es inmortal.
El buen hombre vale más que las grandes riquezas.
El necio no escarmienta sino en su cabeza.
Ama sois mientras el niño mama; después ni ama ni nada.
Ni mesa sin vino, ni sermón sin agustino.
Quién tiempo tuvo y tiempo perdió, con una albarda castíguele Dios.
Al hijo del rico no le toques el vestido.
Blanco y en botella, leche.
A ningún tonto le amarga un dulce.
Las paredes oyen.
Quien te conocio ciruelo y ahora te ve guindo.
Tener todo lo necesario para ser feliz, no es una buena razón para serlo realmente
Le da siempre algún recelo, al calvo que pierde un pelo.
Llámale a vino, vino, al pan, pan y todos se entenderán.
Allí donde reina la fuerza el derecho huye
¿Qué, es que no se lo comieron anoche?
Necios y porfiados, hacen ricos a letrados.
A quien has de acallar, has de halagar.
Reniego del amigo, que se come solo lo suyo y lo mío conmigo.
Ni el caballero buen consejo, ni el letrado buen encuentro.
Quien guarda bien su dinero, no peca por cicatero.
Mientras haya montes verdes, no hay por qué inquietarse por la leña.
Esperando marido caballero, lléganle las tetas al braguero.
Oye, ve y calla, y con nadie tendrás batalla.
Hacer la plancha.
Come para vivir, pero no vivas para comer.
Quien es feliz habla poco
Casa ajena y caballo que no come hierba, déjale que se pierda.
Contra la muerte no hay ley, mata al papa, mata al rey.
Embustes y cuentos, de uno nacen cientos.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Confucio, 551-479 a. C.)
La sugestión obra.
Por San Raimundo, viene la golondrina del otro mundo.
Ida la del cuervo, que se fue y no ha vuelto.
Guacharaca que come corozo, confianza tiene un su jopo.
Si tienes alubias, garbanzos o lentejas? ¿de qué te quejas?
Conoce a tu adversario y conócete a ti mismo, y vencerás en cien batallas.
La rana en el fondo del charco no sabe nada del gran Océano.