Irse de picos pardos.
Uno a ganar y cinco a gastar, milagrito será ahorrar.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
Más cura la dieta, que la receta.
Un granuja es suave como el algodon; un estúpido es duro como el hierro.
El hijo de la cabra, de una hora a otra, bala.
Variante: En Febrero, pon obrero, mejor a finales que a primeros.
Jugar y perder bien puede suceder.
Quien bebe tras la cocina, dé una higa a la medicina.
A un fresco, un cuesco.
La vida es grata, a quien bien la acata.
Quien ha disfrutado de lo mejor del amor no se conforma ya con el resto
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
Mentir y comer pescado, requieren mucho cuidado.
Dirán si eres limpio o guarro, las costeras de tu carro.
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
Juegos de manos, ni a los piojos les son gratos.
Hijo de padre pudiente, aunque no sea honrado es valiente.
Un regalo tan insignificante como una pluma de ganso enviada desde lejos tiene mucho sentido.
Humo y mala cara, sacan a la gente de casa.
Las prendas de ropa son alas.
El que cuida la higuera, comerá de su fruto.
Ama gorda, leche poca.
El hombre más fuerte del mundo es el que está solo
Donde no hay pan, se va hasta el can.
No hay bicho tan raro como el hombre avaro: para más guardar y tener, se muere por no comer.
El hijo que está en casa no es estimado por los padres.
Vale más ser ralos que calvos.
No busques a la vez fortuna y mujer.
El que nada debe nada teme.
La liebre adiestrada, presto sale a la vereda.
Nadie quiere la salud más que el paso.
Si buen consejo tomara, otro gallo le cantara.
La prueba de amistad más difícil es mostrar al amigo sus defectos
Sementera temprana, de cien una vana.
Favores en cara echados, ya están pagados.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
Cuenta y razón conserva amistad.
No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
Jamón y vino añejo estiran el pellejo.
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
¿Qué tiene mi hijo feo que no lo veo?.
Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.
Luego que has soltado una palabra, ésta te domina; pero mientras no la has soltado eres un domador.
Clérigo viajero, ni mísero, ni misero.
No muestres, ni al más amigo, los lunares de tu ombligo.
La nuez llena, menos que la vana suena.
Llena o vacía, casa que sea mía.
Dos no discuten si uno no quiere.